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Lejos del mundanal ruido (2015) - Thomas Vinterberg


El director de La caza (Jagten, 2012) dirige este melodrama de época. El danés cambia las sospechas de pedofilia por amoríos en sociedades de clases. Sorprende la modernidad del texto de Thomas Hardy en el que se basa el guión: una mujer rebelde y con iniciativa lucha contra los convencionalismos de la época, como el matrimonio o el rol sumiso del sexo femenino. Vinterberg se postra ante la historia y pasa desapercibido, aunque queda patente su conocimiento de causa. Quizás la necesidad de síntesis que requiere una adaptación es la que provoca que el principio quede desarticulado y que los acontecimientos tengan lugar de manera forzada. La trama va ganando empaque a medida que avanza y acaba siendo una digna película. El único problema -totalmente personal, lo admito- es que sea un melodrama.

No te la puedes perder si:

-adoras las películas basadas en las relaciones amorosas.
-Salen ovejas. Muchas ovejas. Todo el rato. Motivo suficiente.

Nuestro último verano en Escocia (2014) - Andy Hamilton, Guy Jenkin


No descubrirás nada nuevo, pero te reirás. El esquema narrativo es el mismo de siempre, pero te lo pasarás bien. Pararse a pensar en lo débil de cada planteamiento desacreditaría a la película, pero sus protagonistas infantiles son tan adorables que se lo perdonarás. Su puesta en escena la acerca peligrosamente al telefilm de sobremesa, pero el elenco actoral da la cara y saca adelante las escenas, llenándolas de naturalidad y carcajadas. Su intento de sátira familiar se convierte en una conservadora y bienintencionada defensa de la familia disfuncional. Su tono amable, aunque desenfadado, no convierte a esta película en buena, pero esculpe una obra innegablemente entretenida. 

No te la puedes perder si:

-lo único que le pides a una película es que te haga reír.
-te encantan los entresijos familiares.

MENDES SÍ SE SALE DE LO ESTABLECIDO


Una vez más, Sam Mendes reflexiona sobre el que se ha convertido en el tema central de su filmografía: la apariencia como modo de vida. Al igual que en su obra más aclamada, “American Beauty”, vuelve a tomar el concepto de familia y de Sueño Americano como núcleo central del relato, sirviendo de base para mostrar el lado más sucio de lo aparentemente limpio, aunque, en este caso, en tono dramático. 

La acción se desarrolla en la década de los 50 en EE.UU., y habla sobre cómo el Sueño Americano atrapa a sus personajes, les marca el camino a seguir y les impide escapar de su inevitable destino (con mayor énfasis en las mujeres). Se trata de personas infelices, con vidas acomodadas, pero vacías, y que se ven forzados a engañarse a sí mismos y aparentar, para poder seguir adelante, siendo tachados de locos aquéllos que se salgan de lo establecido. Destaca la pareja protagonista, con unos soberbios Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, apoyados por un destacable elenco de secundarios, entre los que sobresale el jugoso papel de Michael Shannon, una especie de conciencia social, capaz de deshacerse de todos los convencionalismos y espetar a la cara las miserias de cada uno.


El estilo del director británico camina con firmeza por los estándares del cine clásico, destacando el trabajado y estilizado diseño de cada uno de sus planos, cargados de simbolismo e impregnados de sensaciones; pero es especialmente notorio el juego que establece con sus propios planteamientos formales, otorgando detalles de pura modernidad, como queda patente en el llamativo uso de las elipsis, especialmente en el inicio de la película. Éstas, en conjunción con un inteligente montaje, establecen constantes comparaciones entre el pasado y el presente, tan sutiles como contundentes. Todo ello, sumado a su bellísima y minimalista banda sonora (a cargo de un Thomas Newman tan maravilloso como incapaz de innovar en su obra), consigue potenciar el contenido de la historia, logrando un resultado maravilloso.


Como último apunte, llama la atención que la película cierre con una escena de claro tono cómico, protagonizada por una pareja de secundarios. Sin desviarse del rumbo y dándole una capa más de profundidad, vuelve a jugar con los esquemas del cine clásico. Otro toque de genialidad. Otro toque de revolución.



Nota: 9.