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Anacleto: agente secreto (2015) - Javier Ruiz Caldera



El espíritu español tiende al cachondeo y a la desmitificación. Si a eso le sumamos la mastodóntica sombra del viñetista Francisco Ibáñez, el resultado inevitable es que Anacleto: agente secreto sea una serie de historietas que parodian el género de espías. En esta adaptación cinematográfica, Javier Ruiz Caldera se ciñe a los esquemas por respeto a las bases y porque la precariedad de medios probablemente impida un proyecto de mayor envergadura en la producción. La historia se mueve con soltura y mucho ritmo, destacando un Quim Gutiérrez fantástico en su rol, que clava y consigue los mejores momentos de la película, aunque se echa en falta algo más de humor en una obra que apuntaba a desternillante pero que no termina de definirse entre la comedia o la acción puras.


No te la puedes perder si:


-aceptas la burla amable del personaje de James Bond.
-quieres ver a un Berto Romero irreconocible.

Texto para MySofa


Comparto mi cobertura para el medio MySofa del pase de prensa de Mi gran noche (2015), la nueva película de Álex de la Iglesia. Casposidad, comedia y disparate combinados en torno a un plató de televisión.



Y siempre puedes echarle un ojo a la versión reducida, en 30 segundos:

Mi gran noche (2015) - Álex de la Iglesia



Afirma la masa crítica que el cine de Álex de la Iglesia arranca con garra y a toda máquina, pero que la fuerza se disipa con el avance de la trama y la solución ante su falta de ideas es apostar por el desmadre. Una por una, cada una de las paradas de este recorrido componen Mi gran noche (2015), una comedia que comienza como disección de la casposidad de la telebasura y de la mediocridad de los ambientes en los que esta se sumerge, pero que no se atreve a culminar lo que ha propuesto y prefiere apostar por el camino fácil. El director español entrega una obra divertida, a ratos hilarante, que alcanza su cometido de entretener, pero en la que se nota que hay material y talento para mucho más, por lo que parece innegable que se trata de una nueva maniobra conservadora que rechaza el riesgo con tal de asegurar el éxito comercial.


No te la puedes perder si:


-quieres que Mario Casas te demuestre que es un gran actor.
-crees en Raphael (Alphonso).

¿Mediando con necios?


El paso del tiempo marca la frontera moral del humor. En palabras de Charles Chaplin, "Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero, vista de lejos, parece una comedia". España parece haber llegado al punto en el que ya puede tratarse abiertamente el conflicto vasco. Bien es cierto que los Batasunis y demás personajes de ¡Vaya semanita! (ETB, 2003-2013) han estado dando guerra durante una década, pero la clave diferencial ha llegado con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), cuyo recibimiento de público demuestra que la sociedad española no sólo está preparada, sino que desea tratar el tema. Y, teniendo en cuenta que en este país existe la mala costumbre de ocultar la herida en vez de curarla, se torna indispensable aprovechar esta oportunidad para acercar posiciones y evitar el enquistamiento de la situación.

No obstante, la película anteriormente citada convertía este conflicto en una excusa para desarrollar una comedia blanca (y blanda) sobre tópicos norte-sur. Es por ello que el nuevo proyecto de Borja Cobeaga, en este caso también en labores de dirección, corría el riesgo de volver a pecar de políticamente correcto. Sin embargo, esta vez se mete de lleno en el fango independentista y no le tiembla el pulso a la hora de poner en duda las supuestas diferencias insalvables que existen entre ambos bandos, tanto a nivel político como al más puramente humano.

No obstante, el desarrollo llega precocinado al público. El trazo es firme, pero la brocha es gorda, dejando poco espacio a la reflexión. El discurso está demasiado claro para lo compleja que es la situación, lo que encuentra su máximo exponente en el aire condescendiente con que se retrata a los independentistas. Por lo tanto, sin el menor afán de convertir esta crítica en un alegato abertzale, quizás deberíamos plantearnos si estas personas tienen motivos para asesinar. Otro asunto es que éstos sean justificables.




Nota explicativa: 

He recibido fuertes críticas por el final de este texto. Por ello, me gustaría realizar una aclaración: si se analiza con detenimiento el texto, no se encontrará ningún tipo de defensa a ETA. Bajo mi punto de vista, el problema surge al malinterpretar "tener motivos" como "tener motivos justificables" (he de decir que esto es algo ajeno al texto en sí). Sabiendo que esto podía ocurrir, decidí añadir la frase final "Otro asunto es que éstos sean justificables.", pero no ha sido suficiente para evitar esa conclusión tan habitual como errónea (de la misma manera que reclamar un juicio justo para un asesino o un corrupto no significa ponerse de su parte).

Entiendo que es un tema escabroso, y mi visión es la políticamente incorrecta, pero considero que tratar a seres humanos -que cometen injustificables actos inhumanos y despreciables- como a seres irracionales es, simplemente, absurdo. Y esto no supone en ningún caso defender a esta banda armada, ni justificar sus actos o reducir las repercusiones de los mismos.