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Texto para Cine Divergente



En Cine Divergente hemos desarrollado un especial denominado Estados Alterados, en el que cada participante expone un tema relacionado con los procesos mentales, en relación a cómo este se muestra en el cine. Yo escogí el tratamiento que el cine mudo y clásico hollywoodiense hicieron del personaje del alcohólico. 


Más allá de Zanzíbar (Los pantanos de Zanzíbar) (1928) - Tod Browning



El nombre de Tod Browning siempre irá ligado al éxito de crítica de La parada de los monstruos (1932) y al mito de Bela Lugosi en la más discreta Drácula (1931). Atrás, en la etapa muda, queda una serie de obras más sencillas pero que ya transpiraban la esencia de este personalísimo director. Ambientes malsanos, deformidad física y mental, giros a lo macabro...Una telaraña de sensaciones siniestras que atrapa a sus personajes, y, de paso, al público. Con menos intensidad que Garras humanas (1927), sin embargo funciona en su ambientación del salvajismo naturalista. Lon Chaney, actor fetiche de Browning, repite como alma torturada en un físico castigado y desglosa su habitual repertorio de maldad en una obra sencilla y sin duda menor, pero con un poderío visual envidiable.

No te la puedes perder si:

-adoras el retrato de la deformidad que Tod Browning plasma en sus películas.
-No tienes mucho tiempo; dura 65 minutos.

La ley del hampa (1927) - Josef von Sternberg


¿Quién no ha visto la saga de El Padrino (1972-1990)? ¿Y quién no la adora? La mítica trilogía de Francis Ford Coppola siempre cuela sus dos primeras entregas en toda lista que se precie de las mejores películas de la Historia. Y con razón. Sin embargo, y sin ánimo de disminuir su mérito, es hora de remontarnos al origen del cine de gangsters. Ese 1927 en el que vio la luz la primera película que centraba su trama en estos carismáticos antihéroes al margen de la Ley. Sin destacar en ningún aspecto, es la semilla de la que germina un género de fulgurante ascensión y rápida caída, en analogía involuntaria con la vida de los personajes que lo pueblan. La historia es meramente funcional y está lejos de la complejidad de la de Vito Corleone, pero la garra de von Sternberg intensifica los giros que se acabarían convirtiendo en claves del género.



No te la puedes perder si:


-Te interesa conocer el origen de los géneros.
-llevas un gato en tu regazo y te pones bolitas de algodón en los carrillos.

Jugar con fuego (1929) - Jack Conway


Situada en el margen de transición entre el cine mudo y el sonoro, Jugar con fuego (1929) es ambas cosas. Mayoritariamente muda, sin embargo presenta una banda sonora con efectos de sonido e incluso voces, que abren un túnel que conecta ambos mundos. Y este juguetón recurso técnico probablemente sea lo más interesante de la película. Por delante quedan 75 minutos de metraje sobre un triángulo amoroso -Joan Crawford, Douglas Fairbanks Jr y Anita Page- en la jet set al que le falta ritmo y le sobra narrativa anodina. La frivolidad de la clase alta y la pomposidad de su estilo de vida se transmuta en desdén por elaborar un discurso mínimamente compacto, y su escaso metraje amenaza con no tener fin. Una película más preocupada por lucir la belleza de sus actores que por construir los personajes que interpretan.

No te la puedes perder si:


-frivolizas con tu tiempo.
-quieres entender por qué la aparición del cine sonoro supuso un revés inicial en la narración cinematográfica.

 La culpa ajena (Lirios rotos) (1919) - D.W. Griffith



D.W. Griffith, peso pesado del cine mudo estadounidense, genio del montaje paralelo, los metrajes mastodónticos y rodajes megalómanos, sorprende con una obra intimista y casi minimalista. La culpa ajena (lirios rotos) (1919) llega tras sus dos películas más mediáticas y mejor valoradas por la Historia y la crítica de cine, El Nacimiento de una Nación (1915) e Intolerancia (1916), que eclipsan a este melodrama portuario de amor interracial. El director no se separa de su género predilecto y sus constantes temáticas, pero cambia la esencia del proyecto. El enfoque vira hacia la contención formal, y la opresión de sus protagonistas nace de espacios que asfixian en su pequeñez. Un Griffith menos destacable y quizás menor, pero igual de sensible y estimable. Diferente. 

No te la puedes perder si:

-vives para el melodrama.
-quieres probar un Griffith que no te ocupe toda la tarde.