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Texto para Cine Divergente




El pasado viernes se estrenó la última película de Woody Allen, de nombre Café Society (2016). El responsable de Magia a la luz de la luna (2014) sitúa la acción entre Hollywood y Manhattan, ciudades que le dan pie a desarrollar una historia melancólica sobre desamores. El autor nos tiene acostumbrados a un ritmo de una película al año, lo que repercute en una puesta en escena descuidada. Sin embargo, esta vez lo que más luce es lo cuidada que esta resulta, hasta el punto de convertirse en la protagonista de la cinta. Un trabajo formal en el que destaca la buena mano de Vittorio Storaro, gran director de fotografía que se ha encargado de desarrollar esta propuesta, lo que plantea la duda de hasta qué punto es una película de Allen y hasta qué punto es realmente de Storaro. Una cuestión de capital importancia, pues lo principal en esta obra es la puesta en escena, así que en este texto que he escrito para Cine Divergente me he centrado en esta reflexión. Bajo estas líneas, el enlace a dicha disertación:


Análisis en formato audio




Pocos meses después del arrollador estreno de Del revés (2015) llegó la última película de Pixar, El viaje de Arlo (2015). Hermana pequeña de ese año en recursos e historia, es sin embargo claramente superior a su compañera en lo que a narración cinematográfica se refiere. Repertorio de gags visuales que aluden al mejor cine cómico mudo y ponen de manifiesto las carencias de esas tan sagradas leyes sí escritas sobre la estructura del guion clásico.






Si quieres unirte a la disidencia pixaril leyendo más acerca de esta estimable película, te recomiendo los siguientes textos:


Análisis en formato audio




Isla bonita (2015) narra una historia en los intemporales parajes de la tranquila Menorca. La nueva película de Fernando Colomo mezcla realidad con ficción, personajes que se interpretan a sí mismos e ingentes cantidades de libertad en el desarrollo de una obra que fluye suave, auténtica, sin plantearse ningún objetivo pero llegando lejos.





Si te has quedado con ganas de más, continúo el análisis en profundidad y formato escrito:


La versión oscarizable de La red social



El cine clásico sigue vivo. Aunque ya está cerrada la gloriosa etapa del cine de Hollywood que también recibe este nombre, los estándares de esta manera de hacer películas perviven en lo que se conoce como “cine comercial estadounidense”. Con unas normas tan rígidas, directamente enfocadas hacia la transparencia en el estilo y la homogeneidad en las formas, academicismo y clasicismo se confunden. Artesano y autor conviven en un espacio estrecho en el que el primero se siente cómodo aplicando recursos y el segundo se rompe la cabeza para buscar su sitio sin desentonar. Este modelo disimula las carencias del mandado e infravalora al creador, de ahí que los más talentosos sientan la tentación de dejar crecer sus ramas más allá de la franja, aunque nunca abandonen el tiesto.

Directores como David Fincher han caído en esa jugosa tentación. Este realizador, portento de lo cinematográfico, siempre ha vivido en los lindes del cine comercial, lo que provoca que sus películas tengan más éxito de público que de crítica. Su labor se tiene en gran estima, pero pocos especialistas parecen dispuestos a elevarlo a la categoría de genio, situación que un servidor se esfuerza en denunciar a la menor oportunidad. Si bien su filmografía podría separarse en dos secciones, la más puramente clásica y la formalmente pirotécnica, ambas presentan un corte claramente comercial, término habitualmente peyorativo pero que en este caso poco tiene que ver con la calidad de sus obras sino con su naturaleza mediática.



Fincher sabe a lo que juega, y es consciente de cuándo puede dar rienda suelta a su poderío visual y cuándo debe ceñirse a la estética más mainstream y –sólo aparentemente– anular su estilo. La red social (The Social Network, 2010) es un ejemplo claro. A pesar de su talento y de sus ganas de demostrarlo, el director estadounidense es en todo momento consciente del guion que maneja, y sabe qué tipo de realización necesita lo que escribe Aaron Sorkin. Un caso similar se ha dado recientemente con el estreno de Steve Jobs (2015), dirigida por otro director conocido por su faceta más visual, Danny Boyle. Tras sus últimos tropiezos y la sospecha de que no se dejaría someter a la bendita tiranía de las líneas del creador de El ala oeste de la Casa Blanca (The West Wing, 1999-2006), el autor británico sorprendió por su capacidad para colocarse en segundo plano y, desde las bambalinas, manejar los ritmos de la historia para elevarla a una notable conjunción de recursos de fondo y de forma, que no dejan de estar claramente por debajo del arrollador discurso de Fincher en su adaptación de la vida del creador de Facebook. La contención formal como mecanismo para demostrar el talento autoral.



Pero ni siquiera Fincher se libra de sus ramalazos reivindicativos. Hasta la aparición de Perdida (Gone girl, 2014), una de sus mejores obras y quizás la más infravalorada, ninguno de sus films de corte clásico prescindían de planos o escenas fugaces que liberasen la presión de la olla de talento que el director tiene en su por otro lado fría y calculadora mente. Planos desbordantes, detalles de genialidad, pancartas reivindicativas, lunares de diferenciación que destacan pero desentonan. En su afán por reclamar su hueco en el panorama autoral, Fincher desatina cuando inserta estos caramelos visuales, tan disfrutables como innecesarios. Una filosofía que no sólo desmejora el resultado final, sino que se convierte en la constatación de una manera errónea de entender el concepto de autor, que lo eleva a la superficialidad del plano llamativo, del contraste fotográfico, del estallido luminiscente. Con Perdida parece que realmente ha entendido de qué va el juego, y su trabajo desarma en su franqueza formal.



En un estado similar, pero no acotado a la brevedad de un par de planos rebeldes sino extendido a lo largo de su generoso metraje, vive la nueva obra de Adam McKay, el ya etiquetado como “el director de comedias que se ha pasado al cine serio”. La gran apuesta (The big short, 2015) es carne del buen cine comercial, pero se rebela contra sus estándares y McKay se niega a postrar sus decisiones de realización al propio guion que escribe junto a Charles Randolph. Ambos adaptan el best seller homónimo de Michael Lewis que narraba la crónica de una muerte ocultada del mercado inmobiliario en EE.UU. Tralla contundente, material resbaladizo. La economía es siempre un tema farragoso por su naturaleza y por el afán de los entendidos por convertirla en inaccesible para el común de los mortales. Es por ello que ambos guionistas elaboran una receta de digestión facilitada, una especie de “economía para dummies” que acierta en su capacidad para transmitir conceptos aunque nos tatúe en la frente sin el menor de los disimulos que, en efecto, somos unos dummies.



Y es que hay mucha sorna en el tono de la historia. Los diálogos aspiran a la endiablada velocidad de Aaron Sorkin, sin alcanzarla pero quedándose cerca. La verborrea es gamberra por momentos y encuentra a El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, Martin Scorsese, 2013) en otro de sus referentes, en lo que al desenfreno de las vidas de los corredores de bolsa se refiere. En este aspecto, la distancia frente al referente es todavía mayor. Quizás no haya necesidad, pero tampoco existe el atrevimiento de forzar tanto la máquina. Pero la historia aguanta el tipo sin despeinarse. Tratándose de la crónica del desplome de la banca estadounidense y del fango de inmoralidad en el que vive inmerso este implacable mundo, el centro no deben dejar de serlo los números, los balances y las siglas.



La narración esquiva con soltura su conversión en una clase de universidad y su gran ritmo aplica soltura a la complejidad conceptual que maneja. Sin embargo, el enfoque se trastabilla. McKay no duda en señalar a los culpables de la crisis financiera, y el tono refuerza la crítica, pero es más potente la apariencia que la verdadera denuncia, como si a la hora de la verdad el director y co-guionista pasara de puntillas por los verdaderos asuntos escabrosos del sistema, como si el problema fuera exclusivamente de la gente que controla el poder económico. En la recta final se magnifica el problema con unas dosis de moralina social, tan burda en la forma como en el fondo, como si la película frenara en seco y se girara hacia el público para dejar claro que no apoya lo que está contando. Un gesto de cara a la galería, tan innecesario como grueso, un “for your consideration” academicista que apela a la emotividad de las miles de familias que, de repente y sin explicación aparente, cobran relevancia en una historia que no debería avergonzarse por limitarse a estar centrada en las causas más matemáticas de esta crisis, y sí sentirse orgullosa de su capacidad para levantar el interés de profano servidor en un tema tan espinoso e inhóspito como lo es el de la economía.



Si, a pesar de finalmente desdibujado, el guion destaca sin alcanzar la excelencia, es la forma la peor parada. Retomando el sendero abierto por la obra de Fincher, este director no destaca sólo por las decisiones que toma, sino por las que no toma. Si La red social era cristalina –secuencia de la regata aparte–, La gran apuesta se esfuerza en estropear el mensaje. McKay no está dispuesto a aceptar que el peso de la narración lo lleve el guion, y limitarse a encuadrar las escenas de la manera menos llamativa posible no entra dentro de sus planes. Es por ello que despliega en cada uno de los planos un inexplicable –más allá de lo puesto de moda que está, lo que es injustificable por defecto– y francamente molesto jugueteo con el enfoque, la escuálida profundidad de campo y el constante reencuadre de personajes dentro de planos dolorosamente cortos. Un conjunto de decisiones que ya aparecían en la conversión en imágenes de un libreto tan complejo como el de B (David Ilundain, 2015) y que entorpecían en igual grado la narración de un caso tan complejo y lleno de datos como el de Bárcenas y la caja B del Partido Popular. Ataques de realizador, como el de Patrice Leconte en su fallido y pueril intento de reinventar el melodrama de época desde el reencuadre nervioso de La promesa (Une promesse, 2013), insumisiones de niño caprichoso que levantan una polvareda que se interpone entre la pantalla y la audiencia, marcando en toda la globalidad de sus respectivos metrajes la malinterpretación del concepto de autor.


Texto para MySofa



Comparto la cobertura del pase de prensa de No es mi tipo (2014) para el medio digital MySofa. Cinta francesa que se mueve entre la comedia y el drama para abordar las atracciones y conflictos de una pareja formada por un profesor de filosofía parisino que vive en las nubes de Kant -Loïc Corbery- y una peluquera de provincia interesada en cuestiones más terrenales -Émilie Dequenne-.


Texto para Nokton Magazine




El Blog Que Nunca Estuvo Allí no descansa ni en el día de Reinas. Rebuscando en el saco, rescato una crítica que escribí para Nokton Magazine en noviembre pero todavía no había compartido. Se trata de la película española Muchos pedazos de algo (2015), una producción aragonesa de bajo presupuesto que toma las formas de la Nouvelle Vague para desarrollar una historia sobre jóvenes que no quieren dejar de serlo en un contexto de crisis económica que los fuerza a dar el paso.



DOLL & EM [S01E05] - Dolly Wells y Emily Mortimer (creadoras)



La estrella invitada de este capítulo es Andy García, que sirve de contrapunto a la inocencia de Doll para remarcar los códigos de un Star System en el que ciertas personas están por encima y se les permite unas actitudes y unos derechos difícilmente entendibles e intolerables en las relaciones del día a día, y que alcanzan su culmen en el patético autógrafo del propio Andy en la camiseta del que toma por un fan y resulta ser el director de la película.

Entre las dos protagonistas crece tanto el globo de la tensión que acaba explotando. Era previsible que esto ocurriera, y, sin embargo, qué bien funciona. La relación entre Doll y Em llega a un punto de inflexión y todo lo que no se había dicho a la cara estalla en un terremoto de gritos y la catástrofe inunda la escena, aunque deja un regusto a futura reconciliación.

Doll & Em [S01E04] - Dolly Wells y Emily Mortimer (creadoras)



El incidente con el tobillo de Doll permite intensificar dos ideas: la tensión entre las dos amigas y el egocentrismo del Star System. A modo de diva paleta, que recibe un chute de prepotencia al empezar a sentir lo que significa "ser alguien" en Hollywood, el personaje interpretado por Dolly Wells adopta los comportamientos más desquiciantes de la niña caprichosa, que no son otros que los mismos que desde el primer capítulo lucía Em -Emily Mortimer-.

Esta situación provoca un intercambio de roles, que resquebraja una relación de amistad que ha estado al límite desde el inicio. La estrella debe hacerse cargo de su asistente, y aparece el bochorno de quien está en un escalafón social elevado y debe volver a comportarse como una mortal. El patetismo lidera el enfoque, que no tiene piedad con la malcriada ni con la despechada. Un tono que se traslada al propio ambiente, en el que destaca la sátira del rodaje de una película en la que el director, desesperado por ganarse la etiqueta de "autor" a toda costa, lucha contra la evidencia de que su obra es un calco de El Padrino (1972). Jauría de egos en la meca del cine.

Doll & Em [S01E03] - Dolly Wells y Emily Mortimer (creadoras)



Sería demasiado fácil limitar la narración a darle palos al niñerío malcriado de Hollywood. La serie acierta al meter a Doll en el meollo de la fama y ver cómo ésta cambia su conducta. El invitado famoso de este capítulo es John Cusack, que funciona como elemento de tensión entre ella y Em, a través de la envidia que siente ésta última al no ser el centro de atención, situación que Doll aprovecha como venganza personal.

Me interesa el tono general de la serie, centrado en no dejar títere con cabeza, aunque con sutileza y sin ensañarse. La vía cómoda sería la de la superioridad moral en el tratamiento de los personajes, pero hay amor en el enfoque de los mismos, todos ellos con luces y sombras, y, lo mejor de todo, ninguno de ellos es bueno. Se intuye que la secuencia de actuación mencionada por Cusack, "Sobrevalorada, usada, desechada", serán las tres etapas por las que Doll pasará, una vez descubierto su potencial interpretativo. Nubarrones de tensión se ciernen sobre esta relación.

Doll & Em [S01E02] - Dolly Wells y Emily Mortimer (creadoras)



El segundo capítulo acrecienta las diferencias entre Doll y Em. Una fiesta sirve como detonante para plasmar las falsedades que rodean al mundo de Hollywood. Discursos vacíos que embelesan, lucha de egos y esa necesidad de ser siempre el centro de atención. 

Destaca la aparición de Susan Sarandon interpretándose a sí misma en un papel que derrocha un insoportable encanto. La veterana actriz se desenvuelve con la mayor de las solturas componiendo un personaje que funciona como reflejo de las ideas que pretende reflejar esta serie: una mujer caprichosa, encantadora pero imprevisible, egoísta e inconsciente. Los pasos que la propia Emily Mortimer sigue en su relación con su amiga, que en el final del capítulo da la impresión de que se guarda un as bajo la manga. Se mantienen mis buenas sensaciones en esta serie que se ve con mucha facilidad y mayor interés.

Doll & Em [S01E01] - Emily Mortimer y Dolly Wells (creadoras)


El primer capítulo no pierde el tiempo con introducciones farragosas, y resuelve el incidente incitador de la trama en un par de planos. Una tendencia que se mantiene a lo largo del episodio y que, por el bien de la narrativa hábil, esperemos que se mantenga en el resto de la serie. 

Mezclando realidad y ficción, ambas protagonistas se interpretan a sí mismas en una trama que juega con los contrastes entre el endiosamiento de la comunidad actoral hollywoodiense y la gente de a pie, sin caer en énfasis innecesarios y a modo de falso documental. Cámara en mano, zooms intensos y encuadres aparentemente espontáneos en su marcada imperfección acercan la historia al público, que vive en primer plano una relación que oscila entre lo trágico y lo cómico con una ligereza envidiable en este prometedor comienzo.

Texto para Revista Insertos 



Comparto mi cobertura del pase de prensa de El precio de la fama (La rançon de la gloire, Xavier Beauvois, 2014), en representación de la revista digital Insertos Cine. Comedia francesa con tendencia al drama, que parte de la disparatada premisa del robo del féretro de Chaplin como medio de extorsión.




Y siempre puedes echarle un vistazo a la versión reducida:

Críticas en 30 segundos #104 - El precio de la fama

Texto para Revista Insertos



Comparto la crítica que le dediqué en la Revista Insertos a Isla Bonita (2015), la nueva película del director español Fernando Colomo. Realidad y ficción se entremezclan en un relato libre que, aspirando a poco, llega muy lejos.



Y siempre puedes echarle un ojo a la versión reducida:


Si lo tuyo es el audio, te recomiendo el episodio que le he dedicado a esta película en el podcast Críticas Sobre La Marcha:

Texto para Cinema Ad Hoc



Comparto la crítica que le he dedicado a la nueva película de Pixar, El viaje de Arlo (2015), que llega a España sólo cuatro meses después de su anterior proyecto, Del revés (Inside out) (2015). Un film que nace como obra menor pero que acierta en volcar su narración en la imagen, destacando su ristra de gags visuales.


Y siempre puedes echarle un ojo a la versión reducida:


Incluso le he dedicado un episodio en el podcast Críticas Sobre La Marcha:

Isla bonita (2015) - Fernando Colomo


Llena de vitalidad llega la nueva obra de Fernando Colomo, una película con mucha energía pero sin destino marcado. Mezclando realidad y ficción, la cinta se desarrolla con soltura a base de improvisación y unos actores que se interpretan a sí mismos en una Menorca paradisíaca, que bien podría retratarse como una de las postales turísticas a las que últimamente nos tiene acostumbrados Woody Allen. La puesta en escena es sencilla y marcadamente secundaria; en el enfoque hay cinismo, patetismo y poca piedad hacia sus personajes -especialmente el protagonista, al que interpreta el propio Colomo-, pero el tono es liviano y no requiere de aires de trascendencia para dejar un poso potente, que baila entre la alegría y el rechazo, el amor y la desesperación, el cine y la vida.


No te la puedes perder si:


-te gusta que el cine sea libre.
-necesitas una excusa para visitar Menorca.

El viaje de Arlo (2015) - Peter Sohn



Sólo cuatro meses después de la anterior, se estrena la nueva película de Pixar. La primera fue Del revés (2015), un auténtico bombazo que hizo las delicias del público y conquistó a la crítica mundial. Ahora llega a las pantallas El viaje de Arlo (2015), una obra tratada como menor que se construye de manera opuesta a su predecesora. Si en esa el peso se colocaba en el guion, en la nueva se hace lo propio en la narración visual. La historia es muy escueta, lo que da pie a que la comedia llegue esta vez a la manera clásica del gag visual, obteniéndose los mejores momentos cuando la narración fluye lejos de los férreos esquemas de guion, esos que acaban condicionando el proyecto a una sucesión de giros y enseñanzas no sólo tópicas sino carentes de vitalidad, impuestas por esas reglas que quieren convertir a un arte en una cadena de montaje.


No te la puedes perder si:


-te apetece un western de animación pleistocénica. 
-con que salgan dinosaurios eres feliz.



Quizás te interese:



El Becario (2015) - Nancy Meyers


Con el prejuiciómetro por las nubes, lo fácil es tachar de infumable a esta película. Robert De Niro en el ocaso de su carrera, una feel-good movie blandita y esponjosa...Las señales son malas. Pero tampoco será esta una crítica que funcione como un alegato en defensa de una gran obra. No perdamos la cabeza. El Becario (2015) no es una gran película; simplemente, no es mala. Y es que es cierto que se esfuerza en todo momento por transmitir buenas sensaciones, en plantear situaciones revueltas para que el protagonista pueda lucirse solucionándolas, y en establecer un alegato feminista de brocha gorda en el mundo laboral. Pero también crea unos personajes mínimamente complejos, de cuyas interacciones nacen situaciones de cierta profundidad y que, ante todo, entretienen.


No te la puedes perder si:


-te encanta la expresión "película para no pensar".
-te ves todo lo que hace el señor De Niro.

Texto para MySofa



Debuto en el medio digital MySofa con la crítica de la ganadora de la pasada edición del festival de Sundance, Yo, él y Raquel (2015). Una comedia dramática de corte indie que recuerda en lo bueno y en lo malo a otras películas del mismo estilo, como Las ventajas de ser un marginado (2012) o Ciudades de papel (2015).

Yo, él y Raquel (2015) - Alfonso Gómez-Rejón


Y siempre puedes echarle un ojo a la versión reducida, en 30 segudos:

Críticas en 30 segundos #071 - Yo, él y Raquel

Yo, él y Raquel (2015) - Alfonso Gómez-Rejón



El anhelo de hacer algo diferente es el objetivo de las historias románticas del cine indie. Una meta que se convierte en su particular búsqueda de El Dorado, al no estar dispuesto a renunciar a las comodidades de los esquemas que funcionan. Las ventajas de ser un marginado (2012) o Ciudades de papel (2015) son precedentes calcados del mismo objetivo de Yo, él y Raquel (2015): empalagar con sutileza desde la indiferencia cómica. El juego de apariencias es efectivo, pero esconde una rotunda falta de honestidad en estas propuestas, que, como las bases del género/moda al que pertenecen, establecen la apariencia como constante en su conducta. Una lástima que el desbordante humor de esta película quede a la sombra de un planteamiento tramposo que manipula y llega a mentir al público sin el menor de los tapujos.


No te la puedes perder si:


-te apetece llorar como una magdalena con una película que aparenta no ser ñoña.
-crees en la erótica de los cojines.

Ático sin ascensor (2014) - Richard Loncraine


Con un año de retraso y siglos de desinterés llega Ático sin ascensor (2014), en la que Diane Keaton y Morgan Freeman se ven absorbidos por un proyecto que humea a encargo revitalizador de cuentas bancarias. Sendas interpretaciones no marcarán unas carreras ya encumbradas, pero se agradece la seriedad con la que afrontan sus personajes, lo que los convierte en lo mejor de la película. Chispazos de química saltan en sus interacciones, que conforman el retrato reduccionista pero efectivo de una pareja que afronta la tercera edad. El mayor problema nace de una trama que a nadie interesa y que ocupa la parte central del relato. Un tira y afloja de compraventa de pisos que estanca el interés e imposibilita el desarrollo de una relación que logra los únicos momentos salvables de la obra.


No te la puedes perder si:


-te van las películas amables.
-te interesa que una pareja se vea arrollada por la vorágine inmobiliaria (¿?).