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Aprendiendo a conducir (2015) - Isabel Coixet

Isabel Coixet aparca el dramón indie y se monta en la comedia romántica. Desmonta la densa capota y permite que la luminosidad invada la historia. El coche es ligero y avanza con facilidad, pero la carretera es una simple recta, más que vista. El manejo de la directora se hace patente y maquilla el descarrilamiento de un proyecto que apunta a telefilm de sobremesa. Ella misma tiende al piloto automático y la sensación de repetición en los planteamientos y de superficialidad en los giros dramáticos es una laguna de aceite en esta autopista. La situación es incontrolable, el accidente es inevitable. Aprendiendo a conducir (2015) es tan evidente como la estructura de este texto, y el símil entre las clases de conducir un coche y de conducir una vida es tan enfático e insustancial como el que se establece, también, en esta crítica. Autoparodia frente al bochorno.


No te la puedes perder si:


-Amas incondicionalmente a Isabel Coixet (0.001% de la población, aprox.).
-Odias a muerte a Isabel Coixet y quieres disfrutar de su fracaso.
-Odias el cine de Isabel Coixet y consideras que por fin ha hecho una película decente.

Ahora o nunca (2015) - María Ripoll



Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014) crea escuela. Ahora o nunca (Maria Ripoll, 2015) sigue su estela, pero cuidando la forma. Si bien lo hace superficialmente, quedando reducida a un compendio de planos tan bonitos como vacíos. Los estereotipos españoles quedan en segundo plano, pero se sienten. Dani Rovira consigue superar el tedio de los lugares comunes, tan sobreexplotados, de la comedia romántica. El cómico se destapa como notorio actor, quizás sólo de comedia, pero con un carisma capaz de sacar adelante cada una de sus escenas. Sin embargo, no deja de ser inquietante que el héroe que resuelve todo el embrollo sea...Franco.

No te la puedes perder si:

-adoras a Dani Rovira.
-sólo quieres pasar un rato entretenido.
-no te importa que sea lo mismo de siempre.
Requisitos para ser una persona normal (2015) - Leticia Dolera

La revolución del Muffin ha llegado al cine español. El moderneo cool de Juno (2007) sirve como referencia inevitable. Y la comparativa deja en mal lugar a Requisitos para ser una persona normal (2015). Pero esta película tiene a Leticia Dolera, y eso salva todo lo demás. Da igual que nada se sienta novedoso, está Leticia. Da igual que parezca un anuncio que vende felicidad, está Ella. Hace suyo su papel y sostiene el relato. Su desinterés en la forma se compensa con ese tono desenfadado, que emborrona con los momentos de melodramatismo innecesario. La reflexión vital es más propia de la adolescencia, pero todo compensa. Pon una Leticia Dolera en tu vida. 

No te la puedes perder si:

-Vives en el Starbucks y te alimentas de frappuccinos.
-Prefieres las comedias de sonrisa a las de carcajada.

Luna eclipsada




        El desdén en la puesta en escena que Woody Allen viene arrastrando desde hace tiempo no le ha impedido arrancar destellos de genialidad a su último e imperfecto cine cómico. Incluso cuando esto no ocurre, el desbordante humor de sus textos salva la función. Por tanto, no deja de sorprender la cálida vacuidad que envuelve a su nueva escapada europea, Magia a la luz de la luna (2014).

        Dentro de su habitual desazón humorística ante el vacío post-mortem, en este caso el director neoyorquino pasa a debatirse entre gélido escepticismo y fe primaveral -como si, a estas alturas, se cuestionara sus propias convicciones. Prima hermana de Scoop (2006) en su ligereza conceptual, sin embargo la película pretende ajustarse un traje de superflua trascendencia sobre su evidente cuerpo de comedia. Su redundante desarrollo termina de desgastar unos planteamientos potencialmente cómicos, pero marchitados por ese innecesario afán reflexivo.

        Nuevamente detrás de la cámara, Allen cede los momentos más paródicos a una delgaducha gesticulante de gigantes ojos expresivos y sutil belleza en su desenfadado porte. El contraste entre esta deslumbrante Emma Stone y el amargado galán Colin Firth sólo llega a recordar a esa química entre personajes que caracteriza a las mejores obras de este pequeño director. En esta ocasión, el también guionista se suma al juego ilusionista e intenta engañar al espectador un romance construido a golpe de Real Decreto de Guion. Como viene siendo habitual, la película se teje, más bien, a partir de fogonazos de lucidez subconsciente por parte de un maestro ya demasiado acostumbrado a poner el piloto automático. La desidia del genio crea una película tan amena como intrascendente, con el mérito y el tirón de orejas que ello implica.

Acariciando la llaga


La nueva película de Emilio Martínez-Lázaro se ha convertido en un auténtico fenómeno sociológico, habiendo superado ya la cifra de 30 millones de euros, lo que la coloca como la película española más taquillera, sin que nadie pueda explicar exactamente a qué se debe. Desde luego, no será por sus virtudes cinematográficas.