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Análisis en formato audio




Spotlight (2015) ganó el Oscar a la mejor película en la última edición de estos premios. Una decisión que a mucha gente dejó fría, tan fría como la propia cinta de Thomas McCarthy. Algo entendible, especialmente si, por algún inexplicable motivo, prefieres El Renacido (2015). Lo cierto es que Spotlight es una película más árida de lo que podría parecer, que apuesta por la investigación periodística pura y dura y deja a un lado toda tentación melodramática -es muy fácil caer en el atraco emocional al tratar temas tan espinosos como la pederastia-. Esta situación la hace menos vistosa para el gran público -en mi caso, es la única manera de convertirla en interesante-, así que desde aquí hago un llamamiento en favor de una de las pocas películas valiosas de la última edición de los Oscars -aunque, por supuesto, yo iba con Mad Max (2015)-. Bajo estas líneas, el acceso al podcast que le dedicamos en su día Irene y yo a Spotlight, poco después de que se hubiera alzado con la estatuilla dorada:





Análisis en formato audio




Una de las mejores películas de lo que va de 2016, una de las grandes olvidadas de la pasada edición de los Oscars, Carol es un drama intimista sobre qué supone para cada uno de los dos personajes principales el ser lesbiana en los años 50. Estas dos mujeres están interpretadas por Cate Blanchett y Rooney Mara. Un duelo espectacular, en el que saltan chispas de auténtica química interpretativa. Dirige Todd Haynes, quien se apoya en una sublime fotografía -que aquí ya defendí que era la que merecía el Oscar- para narrar una historia en la que puede parecer que no ocurre gran cosa, pero en la que realmente suceden millones de detalles, matices, delicadezas cinematográficas. O quizás no. En este audio-análisis se refleja la divergencia de opiniones respecto a esta película, cuyos espectadores salen fascinados o decepcionados. Bajo estas líneas encontrarás el link que te conducirá al archivo de audio en el que se almacena el debate en torno a Carol:







Análisis en formato audio




Mucho se habla de que 2016 está siendo un año de caos, en el que muchas cosas están saliendo mal. Trump, Rajoy...Mucho se dice, pero nadie parece ser consciente de que en realidad todo comenzó cuando se decidió volver a premiar al inenarrable Alejandro González Iñárritu por su onanista labor de dirección en El Renacido. No fue suficiente con el bochorno de Birdman; había que darle dos Oscars consecutivos por sendos trabajos de prepotencia desbocada. 2016 puede que sea el año del Mal, pero cuando los libros de Historia recojan el comienzo del fin de la raza humana, deberían señalar que se fue el año en el que se decidió que se le iba a dar un Oscar, EL SEGUNDO OSCAR, CONSECUTIVO, a Alejandro González Iñárritu. Aquí queda dicho; debajo, mi audio-análisis de esta obra:







Si te has quedado con ganas de más, aquí te dejo el enlace a mi crítica escrita:




Análisis en formato audio




En el frío del enero madrileño viajamos a la gélida Copenhague para conocer la historia de Einar, una mujer atrapada en un cuerpo de hombre. La chica danesa es un drama basado en hechos reales, que dirige Tom Hooper (El discurso del rey, 2010). La pareja de protagonistas son los sensacionales Eddie Redmayne -en el papel por el que tendría que haberse llevado el Oscar- y Alicia Vikander -que dio la sorpresa con su papel en Ex_Machina (2015)-, ambos espléndidos a pesar de los constantes intentos del director por torpedear su propio proyecto. Una película llena de emoción, que, sin ofrecer nada nuevo, sorprende con un manejo del tono mejor a lo que suele ser habitual en este tipo de producciones. Bajo este párrafo podrás acceder al audioanálisis de esta cinta, que he elaborado junto a mi compañera Irene García:







Texto para Nokton Magazine




En mayo llegó a la cartelera española Esa sensación, película compuesta por tres episodios, cada uno de los cuales dirigido por un autor diferente: Juan Cavestany -el responsable de Gente en sitios-, Pablo Hernando -director de Berserker, de la que ya te he hablado aquí- y Julián Génisson -actor de la citada Berserker-. Fiel a ese estilo tragicómico de la comedia existencial, Esa sensación es un viaje a una zona extrañamente familiar, incómodamente divertida y definitivamente atípica en la cinematografía general. Una cinta que no te puedes perder. Bajo estas líneas, el enlace al texto que le dediqué en el medio digital Nokton Magazine:




Análisis en formato audio





El dúo Jennifer Lawrence-David O. Russell se ha convertido en una especie de simbiosis, pues las carreras de ambos se han visto disparadas al estrellato del Star System hollywoodiense. En este caso con un Bradley Cooper en un claro papel secundario, Joy (2015) narra la historia de una mujer hecha a sí misma, que lucha contra el machismo y las injusticias del sistema, aunque siempre desde dentro y para escalar y nutrirse del mismo. No habrá aquí una crítica al capitalismo, y es honesto por parte de sus responsables el no ocultarlo. Ante todo, se trata de un drama de corte biográfico, una historia de autosuperación de esas que tanto gustan a La Academia. Bajo estas líneas, un análisis de Joy nada más haber salido del cine de haberla visto:







Análisis en formato audio




Que Steve Jobs ha sido un personaje fundamental del siglo XX y XXI no se le escapa a nadie. Haber muerto, y haberlo hecho tan joven, sobredimensiona su repercusión, de ahí que en un corto espacio de tiempo se hayan llevado a la pantalla dos adaptaciones de su vida, obra y milagros tecnológicos. Personaje controvertido, polémico, lleno de claroscuros, el nuevo guion de Aaron Sorkin revela las diversas facetas de un individuo apasionante. A su lado, la inteligente labor de Danny Boyle, que sabe adoptar una posición secundaria frente a lo despampanante del libreto de su guionista, sabiendo sacarle el mayor jugo de que es capaz. Al frente del proyecto, Michael Fassbender como encargado de dar vida a este genio de la informática. El resultado es Steve Jobs (2015), obra estrenada el primer día de 2016 en las pantallas españolas, y que en su día tuvimos la oportunidad de comentar a la salida del cine en formato audio. Podrás escuchar dicho podcast debajo de estas líneas:







Texto para Cinema ad hoc




Todavía se puede tirar del hilo en el Atlántida Film Fest. Esta vez en solitario me extiendo más de lo habitual para hablar de una película que así lo merece. Se trata de In the crosswind, también conocida como Risttuules en el circuito de festivales internacionales. Esta obra ha sido encuadrada dentro de la sección Memoria (al igual que Depth two y Boris Pahor, dos películas de las que hablo aquí) pues trata un suceso histórico asociado a uno de los temas más veces tratados, pero inmensamente desconocido: la deportación étnica a Siberia que tuvo lugar en los actuales pueblos bálticos durante el régimen estalinista, en el contexto de la IIGM. Con una delicada fotografía en blanco y negro, la puesta en escena de esta obra es tan especial que prefiero no descubrirla en este texto. Lo que sí diré es que es una de las imprescindibles de este certamen, así que, si lo estás siguiendo y no la has visto, no sé qué estás haciendo con tu vida. De momento, aquí mi crítica:






Texto para Revista Insertos




Por fin llegan a España algunas de las películas de Peter Strickland, uno de los directores más relevantes del panorama actual. El 15 de julio se estrenó The duke of Burgundy (2014), y la semana siguiente llegará Berberian Sound Studio (2012). Una celebración del buen cine que sería completo si algún día llegara su opera prima, Katalin Varga (2009). Mientras esperamos a que esto ocurra, aquí te dejo la crítica que en su día le dediqué a esta última, un turbio viaje a las cloacas del subconsciente más sangriento y vengativo. Un agujero negro de tenebrismo en la Rumanía rural. Bajo estas líneas, la puerta a este asfixiante mundo:





Texto para Cine Divergente




A finales de 2015 fue la Muestra de Cine Rumano de Madrid, y en Cine Divergente cubrimos este evento, que celebraba su VI edición. Yo participé en esta cobertura acudiendo al pase de Carmen (2013), drama social en el que se ponía de manifiesto las limitaciones del sistema sanitario en un país opaco, anticuado y por momentos inoperante. Un buen ejemplo para pararse a reflexionar acerca de la estética del cine de autor, sus lugares comunes y la verdadera necesidad, o impostura de estilo, de ciertos recursos formales tan utilizados. Bajo estas líneas, el link que conduce al texto íntegro:




Pirotecnia inteligente



El plano secuencia está de moda. Analizando la producción audiovisual de los últimos años, se observa un creciente uso de este recurso formal, y buena parte de la culpa de esta situación la tiene las facilidades asociadas al cine digital. Los avances tecnológicos permiten una mayor versatilidad en el rodaje y cada vez es más sencillo rodar uno de estos planos, o, lo que cada vez es más habitual, falsear un conjunto de largas tomas para empalmarlas en un continuum más o menos disimulado. Una pequeña trampa que en muchas ocasiones cuenta con la aprobación de un público deseoso de deleitarse con estas golosinas visuales. Y es que las mejoras técnicas afectan en todos los aspectos de la filmación, pero el plano secuencia se lleva la palma en lo que a relevancia se refiere. No sólo por llamativos sino por complacientes, estos planos destacan sobre otros recursos, pero esta notoriedad no está exenta de controversia.















Fotograma del rodaje de Birdman (2014).

El plano secuencia posee la fuerza de un canto de sirena. La percepción visual complacida desencadena un chorro de dopamina, esa molécula responsable de la sensación de recompensa a nivel neuronal. A ello se suma ese momento en el que somos conscientes de que esa toma que se se prolonga en el tiempo en realidad corresponde a un plano secuencia, situación que se sobredimensiona al sentir que entendemos a qué está jugando la persona que ha creado este momento. Dopamina a cucharadas. Sin embargo, es precisamente este último punto, el del supuesto entendimiento de las reglas del juego, el que desenmascara buena parte de estas propuestas, en caso de que se decida abandonar por un momento el placer de la hazaña técnica y se efectúe un ejercicio de análisis en profundidad. Y es que, si nos ponemos estrictos, todo elemento usado en el desarrollo de un artefacto audiovisual debería atender a motivos narrativos, pero da la impresión de que, en el caso del plano secuencia, las motivaciones están más cercanas al chute de ego –lo que no deja de ser otra descarga dopaminérgica más–.


Fotograma del plano secuencia de True Detective (2014).


El final del cuarto capítulo de la primera temporada de True Detective (Cary Joji Fukunaga, 2014); la primera escena de Spectre (Sam Mendes, 2015); toda Birdman (2014) y buena parte de El renacido (2015), ambas dirigidas por Alejandro González Iñárritu; son todos ejemplos de un sentido de la narración basado en la espectacularidad, en la hazaña técnica a alcanzar, pero que no atienden a un concienzudo estudio de las posibilidades de las respectivas secuencias y de las múltiples formas en que pueden ser rodadas. Es por ello que resulta tan gratificante encontrar, entre el mar de despliegue de producción, una serie de propuestas consecuentes con sus planteamientos. Victoria (Sebastian Schipper, 2015), rodada en un único y real plano secuencia, no se sostenía en sus desorbitadas 2 horas y 20 minutos de duración, pero partía de una lógica interna, cuanto menos, estimable. Paulina (Santiago Mitre, 2015) incluía un par de secuencias rodadas en una única toma, explicadas por su director con una sencillez desarmante, quizás decepcionante pero absolutamente consecuente, que las justificaba como “secuencias que se sostenían con una única toma”. Creed: la leyenda de Rocky (Ryan Coogler, 2015) va un paso más allá al presentar dos planos secuencia que, más que sostenerse, exprimen su potencial para expandir el poderío de lo narrado.










Fotograma de Paulina (2015).

La nueva película de Ryan Coogler continúa la ya mítica saga de Rocky, el boxeador barriobajero de Filadelfia, y en ella sobresalen, como no podía ser de otra manera, sus dos planos secuencia. El primero aborda el primer combate serio del protagonista, un Adonis Johnson interpretado por Michael B. Jordan. La cámara se sumerge en el ring y nos hace partícipes de la adrenalina que supura el cuadrilátero cuando dos bestias inician el ritual de caballeros con guantes acolchados. Un plano que en ningún momento se hace largo, y que, precisamente, al no presentar cortes de montaje, explicita la corta duración del combate y ensalza la figura de su protagonista. La realización es pirotécnica y se gusta a sí misma, pero queda al servicio de la historia y atiende a los requisitos que este momento requiere.



La prueba de que todo esto no es fruto de una casualidad llega en el gran combate final. A pesar del tentador desafío técnico que supondría, las características del mismo imposibilitarían repetir estos planteamientos, en caso de que se quisiera mantener una coherencia narrativa, y Ryan Coogler demuestra ser consciente de ello. Debutante en el largometraje con Fruitvale Station (2013) y actualmente inmerso en el desarrollo de Pantera Negra (Black Panther, 2018), nueva adaptación de Marvel Studios, el realizador planta su segundo plano secuencia en los instantes inmediatamente previos al clímax de su obra, en la mentalización previa al salto al ring. Otra toma que vuelve a mostrarse virtuosa en su capacidad para magnificar el momento, pero que termina cuando debe hacerlo: justo antes de que suene el gong. Es precisamente esta decisión, la de asumir que un combate que supera el cuarto de hora de metraje no se sostiene en un plano secuencia, la que confirma la buena mano de un creador ambicioso pero coherente, que no sólo no se deja llevar por el virtuosismo ególatra sino que entiende qué necesita su película en cada momento.



A su vez, estos dos destellos de poderío visual no sólo hablan de buen gusto a la hora de escoger recursos narrativos; son igualmente el máximo exponente de todo lo que esta obra contiene. Y es que, siendo la séptima entrega de una saga que, como sus personajes, desde siempre ha tenido que luchar por ganarse el reconocimiento, pocas personas apostaban por ella. La historia se centra en el hijo de otro mito del boxeo en esta realidad paralela, Apollo Creed, un joven perteneciente a la clase alta que no boxea para sobrevivir, sino para sentirse libre. Con Sylvester Stallone retomando su Rocky Balboa, convertido en maestro Miyagi de las artes pugilísticas, la película camina entre la reinvención y la mirada nostálgica, esa que tan buena acogida entre el público ha tenido durante este pasado 2015 (Star Wars episodio VII; Jurassic World; Terminator Génesis). Sin embargo, Coogler se desmarca de revival complaciente y, sembrando guiños de diferente grado de explicitud a lo largo del metraje, consigue que esta séptima parte sea, ante todo, su visión personal de la saga.



Escrito a cuatro manos entre el propio director y Aaron Covington, este eficaz guion hace de la sencillez su mayor baza. Adonis se mueve entre sus aspiraciones y la gente que lo rodea, dos mundos que confluyen y se complementan. Su relación con Rocky saca los mejores momentos de la obra, y sorprende una relación romántica que, si bien en un principio parece la cota de amor necesaria en toda obra para el gran público, sin embargo funciona como atípica conjunción de personalidades y hasta podría decirse que está desaprovechada. Algo desdibujado queda el tono en ciertos tramos del relato. Si bien excelente en sus gotas de humor que restan hierro al asunto y arrancan carcajadas con una soltura endiablada que pilla desprevenido, los escarceos con el drama salen mal parados, especialmente en los conflictos que Adonis tiene con su entrenador y su pareja –Tessa Thompson–, que esta vez sí parecen impuestos por las inquebrantables leyes no escritas del guion clásico de cine. Pequeños tropiezos que poco importan cuando se comparan con todo lo bueno que deja esta poderosa entrega de una saga a la que en su séptima entrega todavía no se le ha dado el punto final.


Texto para Cine Divergente




Este viernes, 15 de abril de 2016, llega a las pantallas españolas el drama intenso francés que lleva por nombre Mi amor (2015). En ella actúan Vincent Cassell y Emmanuelle Bercot, componiendo un tour de force desbarrado de intensidad y autodestrucción conjunta. Un sumidero de desesperación que no encuentra la la manera de llevar a buen puerto sus planteamientos. Exceso, gratuidad y reiteración copan la superficie de esta obra que, sin que se pueda explicar muy bien cómo, pudo ser vista en nada menos que el último Festival de Cannes, donde la intérprete femenina se llevó el premio a la mejor actriz, galardón compartido con Rooney Mara por su papel en Carol (Todd Haynes, 2015).

Texto para Revista VOS




Con motivo del estreno en España de Nuestra hermana pequeña (2015), reflexiono acerca de las motivaciones que llevan a su director, Hirokazu Kore-eda, a hacer cine. Partiendo de su última obra, me sumerjo en el grueso de su filmografía para desentrañar su visión acerca de la familia, la tradición y la gastronomía de su Japón natal. La familia desestructurada es el título de este ensayo que escribo para Revista VOS y cuyo enlace comparto bajo estas líneas:


Texto para Cinema ad hoc




Este viernes día 18 de marzo llegan a la cartelera dos estrenos gestados en el Estudio Ghibli, mítica factoría de animación japonesa comandada por el maestro Hayao Miyazaki. Una de ellas es la que presento en esta entrada. El cuento de la princesa Kaguya (2013) es una colosal obra de animación doblemente tradicional: ha sido elaborada en dibujos animados y recuperando la esencia del dibujo clásico japonés. Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, 1988) firma este film cargado de emotividad y elaborado con maestría animadora, cuyo pase de prensa he cubierto para el medio Cinema ad hoc. Comparto el enlace que conduce al texto íntegro en la web:`


Texto para Revista VOS




Me supone una enorme alegría anunciar mi debut en la versión web de Revista VOS. Es este un medio que busca huir de los estándares habituales de la crítica de cine, y es por ello que no he escrito ni una crítica de cine ni una retrospectiva a la obra de su autor, sino ambas cosas. La película que ha servido de punto de partida ha sido El amor es más fuerte que las bombas (2015), tercer film de Joachim Trier, a raíz de la cual investigo en la filmografía de este danés de nacimiento, criado en Noruega y con el inmenso honor de ser pariente lejano de Lars von Trier. Comparto en enlace que conduce al citado texto:


Texto para Revista Insertos




En Revista Insertos Cine tenemos la sección Re/Propuestas, una mirada al pasado más o menos reciente para rescatar joyas que el cinematógrafo ha tenido la suerte de proyectar y con las que nos ha deleitado. En mi primera participación en este aparato, he escogido Mystic River (2003), una de las mayores obras del legendario Clint Eastwood, que contrapone su estilo elegante a una historia de crudeza y silencios.




Análisis en formato audio



Paulina es una de las películas más polémicas del pasado 2015. La violación de una mujer y la posterior actitud que ella adopta hace saltar chispas entre el público asistente. Triunfadora en el último festival de San Sebastián, la obra de Santiago Mitre llega para revolver conciencias con una propuesta sutil, que aborda discursos desde las diferentes perspectivas de una misma realidad.






Si quieres saber más acerca de este proyecto, te recomiendo lo siguiente:

Entrevista a Santiago Mitre para Revista Insertos Cine

Crítica extensa de Paulina para Cinema ad hoc

Críticas en 30 segundos #098 - Paulina

Texto para Cinema ad hoc




Tengo el gusto de compartir una publicación con mi compañera Mª Carmen Fúnez para Cinema ad hoc. Se trata de un cara o cruz dedicado a Transeúntes (2015), película española presentada en el V Festival Márgenes Online -de la que ya había hablado brevemente para Revista Insertos Cine en este repaso a las representantes españolas de la sección oficial- y de próximo estreno en salas comerciales. Ella a favor, yo en contra, en conjunto damos una visión global sobre las posibilidades de esta obra formalmente radical.

Análisis en formato audio




La primera crítica de este podcast aborda la película chilena El Club (Pablo Larraín, 2015), una poderosa obra sobre los trapos sucios de la Iglesia y las diferentes maneras de entender las normas de la jerarquía eclesiástica. El autor continúa indagando en las secuelas de la dictadura de su Chile natal, tras la poderosa reflexión acerca de cómo el lenguaje publicitario enturbió la política para vencer al régimen de Pinochet en  No (2012).

El Club (2015), de Pablo Larraín 




Si te interesa profundizar en esta película, te recomiendo los siguientes textos:


Texto para Revista Insertos



Comparto mi crónica del V Festival Márgenes Online para Revista Insertos, que cubre las cinco representantes españolas a concurso: 

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Como seña de identidad de este festival, un conjunto de obras arriesgadas, radicales, valientes, provocadoras, muchas veces fallidas, inconformistas...Una serie de características que las relegan a los márgenes de la distribución cultural.