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Texto para Cinema ad hoc




Me gustaría tener unas palabras con quien inventara la frase "querer es poder". NO. No es verdad. Yo quería ir a ver El Principito y me colaron Ben Hur. NO, muy mal, caca. Tras haber tenido que ver esta película, probablemente la que menos me interesa de todo lo que se estrene en 2016. he decidido que la mejor manera de colocarme a su altura era este texto que le he dedicado, en el que tomo como referencia a nada más y nada menos que el grande, el mítico, el inigualable, el del lenguaje inconfundible, Carlos Boyero. ¿Necesitas más motivos para leerte este análisis que he escrito para Cinema ad hoc? ¿Really? Bajo estas líneas, el acceso a dicha maravilla de la metacrítica:





Si te has quedado con ganas de más, también he narrado esta experiencia en formato podcast:




Análisis en formato audio



Hemos llegado al punto en el que las películas de animación ya dejan de ser consideradas como "películas para peques", pero ahora son "películas para que grandes y peques compartan espacio". Con un envoltorio realista, adorable y desternillante llega Zootrópolis (2016), la obra que se ha propuesto dinamitar todos estos prejuicios de una vez. No es, en absoluto, la primera que lo intenta; su modelo no inventa nada nuevo, pero no deja de ser llamativo que un estudio todopoderoso como Disney-Pixar se haya atrevido con una historia tan compleja, con más capas de lectura que las presentes en muchas películas de acción real -las malas lenguas se atreven a asegurar que esto sólo ha sido posible porque su mandamás, John Lasseter, no ha entendido toda la profundidad de esta historia-. El resultado es un policiaco vacilón que desmonta prejuicios sobre la sociedad en la que vivimos; además, una de las mejores cintas estrenadas este año. Zootrópolis es una película que no te puedes perder:






Análisis en formato audio




El gélido enero nos recibió con un petrificante ejercicio de estilo que congeló nuestras conciencias. Hablo de El hijo de Saúl, impresionante debut de László Nemes que desarrolla todo un discurso formal en torno a la que probablemente sea la historia más veces contada en el cine occidental: el holocausto nazi. No es una película fácil de ver, pero la recompensa es la sensación de haber asistido a un auténtico evento cinematográfico. O al menos eso es lo que un servidor opina. Junto a mi melosa voz aparece la vociferante y carismática de mi compañero Jaime Lorite, quien disiente enfervorecidamente. Las dos caras de esta moneda húngara, que posteriormente descubriríamos que se llevaría el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Y tú, ¿qué opinas?






Análisis en formato audio





Que Quentin Tarantino es un grande del cine actual lo sabe todo el mundo. Que está un poco pasado de rosca, también. El responsable de títulos de culto como Reservoir Dogs (1992) y obras infravaloradas pero plagadas de ideas visuales apabullantes como Death proof (2007) ha entregado su última obra, que a España llegó a principios de 2016. Los odiosos ocho es una adaptación a su mundo de su propio mundo. Es decir, que se homenajea a sí mismo. Es de sobra conocido que Tito Quentin recicla y reformula géneros de la cultura pop, pero hace tiempo que se ha subido a la parra y dirige sin control. El último resultado de esta nueva tendencia es una obra que decide que él, en sí mismo, es un género tan estimable que debe ser tomado como referencia. Y esto es lo que en Críticas Sobre La Marcha opinamos al respecto:







Texto para Revista VOS





No sólo de Cinema ad hocs vive el Atlántida Film Fest. He extendido mi particular cobertura de este festival a otros medios, y el primero en unirse a CAH es Revista VOS. En esta publicación digital escribo acerca de dos documentales pertenecientes a la sección Memoria de este festival online. Dos obras que tratan temas cercanos, pero que lo hacen desde una puesta en escena opuesta. Clasicismo vs innovación formal, Boris Pahor: retrato de un hombre libre vs Depth two. Bajo estas líneas, como siempre, el acceso a este texto:





Texto para Cinema ad hoc




Si no lo había hecho ya, con Boyhood (2014) Richard Linklater dejó su huella en la Historia del Cine, y lo hizo a hierro candente. Tras la que probablemente haya sido la obra cumbre de su filmografía, el director tejano nos obsequia con una película necesariamente inferior, pero no por ello carente de validez. Todos queremos algo (2016) es su nuevo proyecto, la cara reluciente de su también magnífica Movida del 76 (1993), con la que retoma el tema de la adolescencia y juventud, y cómo esos años forman lo que en el futuro seremos para siempre. Una joya que parece mucho menos de lo que es, una de las cintas fundamentales de este año. Bajo estas líneas comparto el enlace que conduce al texto íntegro, publicado en el medio digital Cinema ad hoc:





Texto para Cinema ad hoc




Michael Moore ha vuelto. El director de los afamados documentales Bowling for Columbine (2002) o Fahrenheit 9/11 (2004) regresa con una aventura disparatada por tierras europeas. La idea es conquistar de manera metafórica las ideas de estos países que sean muy positivas para sus ciudadanos y que en Estados Unidos estén lejos de ser una realidad. El resultado es ¿Qué invadimos ahora? (2015), que tras su paso por el Festival DocumentaMadrid 2016, donde fue presentada por primera vez en España, llega ahora a la cartelera española. Una obra menor, estimable por su honestidad y que, tras el evidente maniqueísmo que el propio Moore resalta, esconde una reflexión final algo pueril pero tremendamente optimista en la época del cinismo. Comparto el enlace a este texto bajo estas líneas:




Pirotecnia inteligente



El plano secuencia está de moda. Analizando la producción audiovisual de los últimos años, se observa un creciente uso de este recurso formal, y buena parte de la culpa de esta situación la tiene las facilidades asociadas al cine digital. Los avances tecnológicos permiten una mayor versatilidad en el rodaje y cada vez es más sencillo rodar uno de estos planos, o, lo que cada vez es más habitual, falsear un conjunto de largas tomas para empalmarlas en un continuum más o menos disimulado. Una pequeña trampa que en muchas ocasiones cuenta con la aprobación de un público deseoso de deleitarse con estas golosinas visuales. Y es que las mejoras técnicas afectan en todos los aspectos de la filmación, pero el plano secuencia se lleva la palma en lo que a relevancia se refiere. No sólo por llamativos sino por complacientes, estos planos destacan sobre otros recursos, pero esta notoriedad no está exenta de controversia.















Fotograma del rodaje de Birdman (2014).

El plano secuencia posee la fuerza de un canto de sirena. La percepción visual complacida desencadena un chorro de dopamina, esa molécula responsable de la sensación de recompensa a nivel neuronal. A ello se suma ese momento en el que somos conscientes de que esa toma que se se prolonga en el tiempo en realidad corresponde a un plano secuencia, situación que se sobredimensiona al sentir que entendemos a qué está jugando la persona que ha creado este momento. Dopamina a cucharadas. Sin embargo, es precisamente este último punto, el del supuesto entendimiento de las reglas del juego, el que desenmascara buena parte de estas propuestas, en caso de que se decida abandonar por un momento el placer de la hazaña técnica y se efectúe un ejercicio de análisis en profundidad. Y es que, si nos ponemos estrictos, todo elemento usado en el desarrollo de un artefacto audiovisual debería atender a motivos narrativos, pero da la impresión de que, en el caso del plano secuencia, las motivaciones están más cercanas al chute de ego –lo que no deja de ser otra descarga dopaminérgica más–.


Fotograma del plano secuencia de True Detective (2014).


El final del cuarto capítulo de la primera temporada de True Detective (Cary Joji Fukunaga, 2014); la primera escena de Spectre (Sam Mendes, 2015); toda Birdman (2014) y buena parte de El renacido (2015), ambas dirigidas por Alejandro González Iñárritu; son todos ejemplos de un sentido de la narración basado en la espectacularidad, en la hazaña técnica a alcanzar, pero que no atienden a un concienzudo estudio de las posibilidades de las respectivas secuencias y de las múltiples formas en que pueden ser rodadas. Es por ello que resulta tan gratificante encontrar, entre el mar de despliegue de producción, una serie de propuestas consecuentes con sus planteamientos. Victoria (Sebastian Schipper, 2015), rodada en un único y real plano secuencia, no se sostenía en sus desorbitadas 2 horas y 20 minutos de duración, pero partía de una lógica interna, cuanto menos, estimable. Paulina (Santiago Mitre, 2015) incluía un par de secuencias rodadas en una única toma, explicadas por su director con una sencillez desarmante, quizás decepcionante pero absolutamente consecuente, que las justificaba como “secuencias que se sostenían con una única toma”. Creed: la leyenda de Rocky (Ryan Coogler, 2015) va un paso más allá al presentar dos planos secuencia que, más que sostenerse, exprimen su potencial para expandir el poderío de lo narrado.










Fotograma de Paulina (2015).

La nueva película de Ryan Coogler continúa la ya mítica saga de Rocky, el boxeador barriobajero de Filadelfia, y en ella sobresalen, como no podía ser de otra manera, sus dos planos secuencia. El primero aborda el primer combate serio del protagonista, un Adonis Johnson interpretado por Michael B. Jordan. La cámara se sumerge en el ring y nos hace partícipes de la adrenalina que supura el cuadrilátero cuando dos bestias inician el ritual de caballeros con guantes acolchados. Un plano que en ningún momento se hace largo, y que, precisamente, al no presentar cortes de montaje, explicita la corta duración del combate y ensalza la figura de su protagonista. La realización es pirotécnica y se gusta a sí misma, pero queda al servicio de la historia y atiende a los requisitos que este momento requiere.



La prueba de que todo esto no es fruto de una casualidad llega en el gran combate final. A pesar del tentador desafío técnico que supondría, las características del mismo imposibilitarían repetir estos planteamientos, en caso de que se quisiera mantener una coherencia narrativa, y Ryan Coogler demuestra ser consciente de ello. Debutante en el largometraje con Fruitvale Station (2013) y actualmente inmerso en el desarrollo de Pantera Negra (Black Panther, 2018), nueva adaptación de Marvel Studios, el realizador planta su segundo plano secuencia en los instantes inmediatamente previos al clímax de su obra, en la mentalización previa al salto al ring. Otra toma que vuelve a mostrarse virtuosa en su capacidad para magnificar el momento, pero que termina cuando debe hacerlo: justo antes de que suene el gong. Es precisamente esta decisión, la de asumir que un combate que supera el cuarto de hora de metraje no se sostiene en un plano secuencia, la que confirma la buena mano de un creador ambicioso pero coherente, que no sólo no se deja llevar por el virtuosismo ególatra sino que entiende qué necesita su película en cada momento.



A su vez, estos dos destellos de poderío visual no sólo hablan de buen gusto a la hora de escoger recursos narrativos; son igualmente el máximo exponente de todo lo que esta obra contiene. Y es que, siendo la séptima entrega de una saga que, como sus personajes, desde siempre ha tenido que luchar por ganarse el reconocimiento, pocas personas apostaban por ella. La historia se centra en el hijo de otro mito del boxeo en esta realidad paralela, Apollo Creed, un joven perteneciente a la clase alta que no boxea para sobrevivir, sino para sentirse libre. Con Sylvester Stallone retomando su Rocky Balboa, convertido en maestro Miyagi de las artes pugilísticas, la película camina entre la reinvención y la mirada nostálgica, esa que tan buena acogida entre el público ha tenido durante este pasado 2015 (Star Wars episodio VII; Jurassic World; Terminator Génesis). Sin embargo, Coogler se desmarca de revival complaciente y, sembrando guiños de diferente grado de explicitud a lo largo del metraje, consigue que esta séptima parte sea, ante todo, su visión personal de la saga.



Escrito a cuatro manos entre el propio director y Aaron Covington, este eficaz guion hace de la sencillez su mayor baza. Adonis se mueve entre sus aspiraciones y la gente que lo rodea, dos mundos que confluyen y se complementan. Su relación con Rocky saca los mejores momentos de la obra, y sorprende una relación romántica que, si bien en un principio parece la cota de amor necesaria en toda obra para el gran público, sin embargo funciona como atípica conjunción de personalidades y hasta podría decirse que está desaprovechada. Algo desdibujado queda el tono en ciertos tramos del relato. Si bien excelente en sus gotas de humor que restan hierro al asunto y arrancan carcajadas con una soltura endiablada que pilla desprevenido, los escarceos con el drama salen mal parados, especialmente en los conflictos que Adonis tiene con su entrenador y su pareja –Tessa Thompson–, que esta vez sí parecen impuestos por las inquebrantables leyes no escritas del guion clásico de cine. Pequeños tropiezos que poco importan cuando se comparan con todo lo bueno que deja esta poderosa entrega de una saga a la que en su séptima entrega todavía no se le ha dado el punto final.





Texto para Cine Divergente




Mayo del '68 marcó el destino de Francia, pero no fue el único mayo que cambió la historia de este país. A principios de la II Guerra Mundial, la Alemania nazi invade Francia y la población del norte huye hacia el sur. Este es el punto de partida de un drama humano de tintes históricos, Mayo de 1940 (2015), dirigido por Christian Carion. Una aproximación humanista al conflicto bélico, que toma como mero contexto en el que desarrollar interacciones entre personajes. Sin pretensiones pero plagada de lugares comunes de forma y fondo, esta nueva entrega de cine comercial francés peca de los mismos errores que sus compañeras: buenas intenciones, trazo grueso, esquivar todo conflicto moral y una inevitable aproximación a la sangrante comedia amable. bajo estas líneas comparto el enlace que conduce a la crítica que he escrito de esta película para el medio digital Cine Divergente:





Texto para Revista VOS




Este viernes se estrena El niño y la bestia (2015), última obra del director japonés de animación Mamoru Hosoda, y en Revista VOS me he propuesto analizar su filmografía al completo. Desde su etapa Digimon hasta este nuevo estreno, pasando por sus cumbres autorales -Summer Wars (2009) y Los niños lobo (2012)-, un viaje extenso y apasionante al corazón de sus motivaciones, sus referentes y su proyección autoral de futuro. Taras e inventiva formal en el cine de Mamoru Hosoda es su título, y el enlace para acceder al texto se encuentra bajo estas líneas:

Texto para Cine Divergente




Este viernes, 15 de abril de 2016, llega a las pantallas españolas el drama intenso francés que lleva por nombre Mi amor (2015). En ella actúan Vincent Cassell y Emmanuelle Bercot, componiendo un tour de force desbarrado de intensidad y autodestrucción conjunta. Un sumidero de desesperación que no encuentra la la manera de llevar a buen puerto sus planteamientos. Exceso, gratuidad y reiteración copan la superficie de esta obra que, sin que se pueda explicar muy bien cómo, pudo ser vista en nada menos que el último Festival de Cannes, donde la intérprete femenina se llevó el premio a la mejor actriz, galardón compartido con Rooney Mara por su papel en Carol (Todd Haynes, 2015).

Texto para Cinema ad hoc




Tenemos nueva película social. Efraín es la historia de un preadolescente etíope que se ve obligado a cambiar de residencia, pasando a vivir en un lugar hostil en el que una de sus mayores preocupaciones será proteger la vida de su mejor amigo, un entrañable cordero que lo ha acompañado desde hace años. Un cine que persigue retratar un modelo rural anticuado y castrador de voluntades, una denuncia social que surte efecto entre la crítica y la práctica totalidad del público. ¿Una buena película? Yo me apunto a la disidencia frente a este mal entendido cine social. La explicación la encontrarás en este texto que le dedico a la película, cuyo enlace comparto bajo estas líneas:


Texto para Revista Insertos Cine




Con su tercer largometraje, Paco León demuestra que su éxito como director no fue cuestión de suerte. En Kiki, el amor se hace (2016) , el realizador, guionista, productor y actor profundiza en la parafilia sexual, y lo hace desde el humor cómplice y no desde la enfermedad contra la que luchar. En un ejercicio de cierta valentía, el realizador indaga en los mecanismos del erotismo, sin tampoco profundizar ni molestar a nadie, confeccionando una comedia inteligente que sortea los tópicos del género y no se contenta con la broma condescendiente. Comparto el enlace que conduce a la crítica de la película que he escrito para la Revista Insertos Cine:



Texto para Cinema ad hoc




Dos genios de la creación cinematográfica se juntaron en 1962 para dialogar a lo largo de una semana. De ese encuentro salió un libro, El cine según Alfred Hitchcock (1966). De ese libro, un documental, Hitchcock/Truffaut (2015). Dirigido por Kent Jones, este film recorre los entresijos de la puesta en escena de uno de los directores más importantes de la Historia del cine, el orondo británico que encontró la fama en Hollywood. Gracias a su virtuosa disección de las claves del cine de Hitchcock, sus escasos 80 minutos son suficientes para entender por qué este hombre fue tan grande (barriga aparte).





Los sótanos de la mente



El proceso habitual de elaboración de la banda sonora se lleva a cabo con la película ya rodada. La persona encargada de componer el acompañamiento musical lo hace previo visionado de las diferentes secuencias que componen la obra. Las imágenes, por tanto, sirven de inspiración para la obtención de la música, por lo que considerarla acompañamiento musical es  más que acertado. En el cine de Paul Thomas Anderson, el orden se invierte. El director estadounidense también escribe sus guiones, que envía al compositor antes de iniciar el rodaje para que el repertorio esté listo en el momento de encender las cámaras. El compositor compone en base al guion para captar la esencia de la historia y crear, más que un acompañamiento musical, un estado de ánimo, que determine la propia filmación. Director, actores y resto de integrantes del set escuchan las composiciones durante los días de rodaje y se sumergen en este estado emocional. Esta vez, la banda sonora toma un rol principal y se establece como precursor de lo que está por gestarse.



Mención especial requiere la colaboración que se ha establecido entre el cineasta y el músico Jonny Greenwood en la que se ha convenido en llamar segunda etapa de la filmografía de Paul Thomas Anderson, a grandes rasgos caracterizada por un ritmo más pausado, un enfoque más introspectivo y una acusada reducción de líneas de diálogo. Este trabajo conjunto comenzó en Pozos de ambición (2007), hasta la fecha el ejemplo más extravagante de los tres que ha compuesto –junto a esta, The Master (2012) y Puro vicio (2015)–. El también guitarrista del grupo indie-experimental Radiohead se aleja de todo convencionalismo en lo que a composición de bandas sonoras se refiere y entrega una lista de canciones comandadas por un tenebrismo desquiciado. El compositor encuentra la manera de convertir el instrumento más habitual en las BSOs, el violín, caracterizado por sonidos de bella armonía, en un arma que apunta a los nervios e incomoda con su presencia.



A falta de saber si ha seguido este proceso o se ha ceñido a los estándares de elaboración de un film, lo cierto es que Atom Egoyan ha obtenido un resultado similar en su última obra, Remember (2015). Creada por Mychael Danna, compositor habitual del director canadiense de origen armenio –caso similar al de su compatriota David Cronenberg y el músico Howard Shore–, el responsable de bandas sonoras tan canónicas como la de la reciente El viaje de Arlo (2015) o la oscarizada La vida de Pi (2012) expone esta vez un repertorio tan desconcertante como acertado. La música toma un rol protagonista en Remember y traza las líneas maestras del estado de ánimo general de la película, que a su vez es el de su protagonista, un anciano con demencia senil que la mitad del tiempo no sabe dónde está ni lo que tiene que hacer, encontrando un parche a su desasosiego en la anotación de recordatorios en el brazo, al estilo del personaje principal de Memento (2000).



Clarinetes extravagantes conviven con taquicárdicos riffs de violín para definir una extrañeza que es la del tono de la película. Rodada principalmente mediante el uso de grandes angulares, el retrato de su crepuscular protagonista –un talentoso Christopher Plummer– encuentra en la exploración del primer plano sus máximos de desconcierto, aprovechando ese ligero efecto deformador que este tipo de objetivo aporta al fotograma –recurso masivamente explotado por David Cronenberg con excelentes resultados–. El resultado final tiende puentes con la última etapa del director canadiense, la que explora los recovecos más oscuros de la mente humana, aunque este thriller psicológico tiene mucho más de thriller que de lo psicológico, lo que disminuye las posibilidades de su sugerente trama al someterlas a los lugares comunes del género y alejarla de las mayores virtudes presentes en la obra de Cronenberg. Sin embargo, hay algo especial en esta producción, tan irregular como apasionante. Imperfecta hasta la saciedad, descompensada por todos los lados, sin embargo Remember destila una esencia única, auténtica, que atrapa en esa conjunción de sentimientos encontrados, y que consigue que su giro final de guion sea a la vez molestamente efectista y absolutamente consecuente con todo lo planteado. Los picos y los pozos de esta propuesta no apasionan, pero ya bastante es que no naufraguen, por increíble que parezca, y es en esa mezcla de sentimientos encontrados en la que la película funciona, como el placer que se obtiene de catar ese adictivo hedor o de presionar esa dolorosa llaga.


Texto para Revista VOS




Con motivo del estreno en España de Nuestra hermana pequeña (2015), reflexiono acerca de las motivaciones que llevan a su director, Hirokazu Kore-eda, a hacer cine. Partiendo de su última obra, me sumerjo en el grueso de su filmografía para desentrañar su visión acerca de la familia, la tradición y la gastronomía de su Japón natal. La familia desestructurada es el título de este ensayo que escribo para Revista VOS y cuyo enlace comparto bajo estas líneas:


Texto para Revista VOS




En 1968, Sergei Parajanov rodó Sayat Nova, pero el gobierno soviético decidió sabotearla. La censura arrancó las alas de un creador único. Casi 50 años más tarde, gracias a la colaboración entre la Film Foundation y la Cineteca de Bolonia, llega a nuestras pantallas la versión más cercana al original que este autor había creado. Una obra colosal que no puedes perderte. Comparto el enlace que conduce al texto que escribí para la Revista VOS:


Texto para Cinema ad hoc




Este viernes día 18 de marzo llegan a la cartelera dos estrenos gestados en el Estudio Ghibli, mítica factoría de animación japonesa comandada por el maestro Hayao Miyazaki. Una de ellas es la que presento en esta entrada. El cuento de la princesa Kaguya (2013) es una colosal obra de animación doblemente tradicional: ha sido elaborada en dibujos animados y recuperando la esencia del dibujo clásico japonés. Isao Takahata (La tumba de las luciérnagas, 1988) firma este film cargado de emotividad y elaborado con maestría animadora, cuyo pase de prensa he cubierto para el medio Cinema ad hoc. Comparto el enlace que conduce al texto íntegro en la web:`


Texto para Cine Divergente




Mustang narra la historia de cinco hermanas de la Turquía rural musulmana, que son enclaustradas tras un inocente juego a orillas del Mar Negro que la comunidad en la que viven ha juzgado de deplorable e inmoral. El encierro lleva como propósito la purificación, y durará el tiempo necesario para que sus respectivas dignidades sean restauradas. Nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa y triunfadora en un puñado de certámenes internacionales, este viernes se ha estrenado en las salas españolas esta obra de cine social protagonizada, escrita y dirigida por mujeres, que cubrí en pase de prensa para el medio Cine Divergente. Comparto el link que conduce al texto:


Viernes, 11 de marzo de 2016




La cartelera española retoma el brío, aunque sea a costa de reposiciones de clásicos de los años 90. Los estrenos de esta semana son:


Kung Fu Panda 3 (2016), de Jennifer Yuh y Alessandro Carloni










Mustang (2015), de Deniz Gamze Ergüven




Película cubierta en pase de prensa para Cine DivergentePuedes leer la crítica aquí.

Frente al mar (2015), de Angelina Jolie

La serie Divergente: Leal (2016), de Robert Schwentke


Bone Tomahawk (2015), de S. Craig Zahler


El nombre del bambino (2015), de Francesca Archibugi









No crezcas o morirás (2015), de Thierry Poiraud

Tribunal (2014), de Chaitanya Tamhane


El gran viaje de Sacha al Polo Norte (2015), de Rémi Chayé


Tres colores: azul (1993), de Krzysztof Kieslowski











Tres colores: blanco (1994), de Krzysztof Kieslowski


Tres colores: rojo (1994), de Krzysztof Kieslowski


13. Miguel Poveda (2015), de Paco Ortiz





Mi apuesta personal:



De las vistas:


Mustang


Me cuesta recomendar:

Mustang:


¿Mala película? En absoluto. ¿Merecedora del revuelo que ha causado? En absoluto. Esta obra turca de inspiración y francesa de capital aborda ciertos lugares comunes asociados al cine social, como son las injusticias, el machismo y la recalcitrante moral religiosa que tantos problemas causa. Correcta pero carente de auténtica personalidad.




De las no vistas:

Kung Fu Panda 3

Serie Divergente: Leal
Frente al mar
El nombre del bambino
Bone Tomahawk
No crezcas o morirás
Tribunal
El gran viaje de Sasha al Polo Norte
13. Miguel Poveda




Apuesto por:

El gran viaje de Sasha al Polo Norte:



Me decanto por el cine de animación, pero no por el que cabría esperar. Antre la mediatización pandosa, opto por un proyecto más pequeño pero, de seguro, más interesante. Nada se de ella, pero me interesa adentrarme en los parajes inexplorados de la animación de corto alcance.


En ninguna de las dos secciones he incluido las reposiciones de los Tres Colores de Kieslowski, al ser ya clásicos consagrados y al dar por hecho que ya las has visto. Si no es así, tarea extra para ti.