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El pepino de la temporada ha llegado. Sí: EL PEPINO. Todavía con resaca de genialidad desfasada publico esta entrada de Toro (2016), escrita en 10 minutos y sacada de las entrañas. Se trata de la nueva película de Kike Maíllo, quien a su vez tuvo en su día la genial idea de dirigir aquel mediometraje  protagonizado por David Bisbal. De un director capaz de eso sólo pueden salir cosas positivas, pero lo cierto es que Toro ha superado cualquier expectativa y me ha volado la cabeza.

Un trío protagonista de lujo -Mario Casas, Luis Tosar y José Sacristán- se pasea por este mundo recargado de cinefilia de baja calidad y alto consumo, ese cine tan ochentero de barrios bajos, peleas, mafia y corrupción. Un vaciado de filmografías de serie B que se dan citas en esta colosal obra española, que, a pesar de la productora que tiene detrás, no muestra ningún complejo -ni ninguna vergüenza- a la hora de desarrollar sus planteamientos.



Toro se sitúa en el sur de España en la época de la crisis. Lo que estaba abocado a convertirse en otra cinta más nacida a la luz de los desfases económicos y el pitorreo político -como son los casos de El desconocido (2015) o Cien años de perdón (2016), obras políticamente correctas que convierten la crítica en postureo complaciente- no pierde el tiempo con sandeces: Toro no va a invertir ni un solo fotograma en tratar de radiografiar un país que desconoce. A Maíllo no le importa esto ni su inverosímil y por momentos lamentable guion. Y hace bien.

Toro es un desglose mal digerido del cine de Nicolas Winding Refn (Drive, Sólo dios perdona), del cine de acción ochentero en general y del de yakuzas en particular, que abusa del neón y sólo entiende de pirotecnia visual. Pero cómo cala la jodida. Nada debería funcionar, todo aboca al fracaso, y, sin embargo, a su imperfecta manera, cuaja a la perfección. Toro es sublime en sus errores, Toro es grandiosa en su falta de complejos, Toro es brillante en su carencia de sentido del ridículo. Y así, sólo así, es posible que un producto, que en otras manos hubiera sido mediocre y dolorosamente impersonal, de repente cobre todo el sentido, su sentido absurdo y particular, y se eleve hasta la grandeza de la cinefilia de explotación. Un Tarantino que no entiende lo que homenajea, pero que acaba haciéndolo, sin saber muy bien cómo. A su manera, siempre a su manera. Toro es un pepino de película, UN PEPINACO.


Si no te he volado la cabeza lo suficiente, te recomiendo este podcast en el que analizo la película junto a mis compis Sofía Mur y Jaime Lorite a la misma salida del cine:

Críticas Sobre La Marcha 043 - Toro (2016)


Animal (2015) - Fernando Balihaut


En la división entre la torpeza y la sugerencia se sitúa la construcción de personajes que Fernando Balihaut desarrolla en Animal (2015). Su opera prima juega a la parquedad en la narración, que funciona con su protagonista, del que interesa saber más acerca de sus conductas erráticas. Las atmósferas ayudan a potenciar esta sensación, aunque se palpa cierta tendencia -muy habitual en el cine actual- al efectismo formal de una fotografía muy contrastada y de trucos de montaje. La película mantiene el tipo en la primera mitad, pero pierde el norte al decidir hacia dónde quiere ir. En esa elección está implícita la vía fácil, la habitual, la más vista. Y no sólo se conforma con ello, sino que no hace nada por destacar. Un inicio con cierto interés acaba en poca cosa.


No te la puedes perder si:

-eres coleccionista de thrillers psicológicos.
-quieres ver cine que aguanta el tipo con cuatro duros de presupuesto.
Aprendiendo a conducir (2015) - Isabel Coixet

Isabel Coixet aparca el dramón indie y se monta en la comedia romántica. Desmonta la densa capota y permite que la luminosidad invada la historia. El coche es ligero y avanza con facilidad, pero la carretera es una simple recta, más que vista. El manejo de la directora se hace patente y maquilla el descarrilamiento de un proyecto que apunta a telefilm de sobremesa. Ella misma tiende al piloto automático y la sensación de repetición en los planteamientos y de superficialidad en los giros dramáticos es una laguna de aceite en esta autopista. La situación es incontrolable, el accidente es inevitable. Aprendiendo a conducir (2015) es tan evidente como la estructura de este texto, y el símil entre las clases de conducir un coche y de conducir una vida es tan enfático e insustancial como el que se establece, también, en esta crítica. Autoparodia frente al bochorno.


No te la puedes perder si:


-Amas incondicionalmente a Isabel Coixet (0.001% de la población, aprox.).
-Odias a muerte a Isabel Coixet y quieres disfrutar de su fracaso.
-Odias el cine de Isabel Coixet y consideras que por fin ha hecho una película decente.
Requisitos para ser una persona normal (2015) - Leticia Dolera

La revolución del Muffin ha llegado al cine español. El moderneo cool de Juno (2007) sirve como referencia inevitable. Y la comparativa deja en mal lugar a Requisitos para ser una persona normal (2015). Pero esta película tiene a Leticia Dolera, y eso salva todo lo demás. Da igual que nada se sienta novedoso, está Leticia. Da igual que parezca un anuncio que vende felicidad, está Ella. Hace suyo su papel y sostiene el relato. Su desinterés en la forma se compensa con ese tono desenfadado, que emborrona con los momentos de melodramatismo innecesario. La reflexión vital es más propia de la adolescencia, pero todo compensa. Pon una Leticia Dolera en tu vida. 

No te la puedes perder si:

-Vives en el Starbucks y te alimentas de frappuccinos.
-Prefieres las comedias de sonrisa a las de carcajada.