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Detective a la fuerza (1940) - Edward F. Cline


W.C. Fields quiso parecerse a sus contemporáneos del cine mudo Buster Keaton o Charles Chaplin. En Detective a la fuerza (1940), en la que tomó el control prácticamente absoluto del proyecto, el repertorio cómico busca el gag visual por todas partes, pero el físico de este actor no encaja con el perfil, y el talento narrativo de quien finalmente se haya encargado de filmar la película brilla como un adoquín: bien poco. Y es que, por muy bien trenzada que esté una idea, mal rodada se deshilacha. Sólo en su tramo final la persecución automovilística cierra algo la boca del irritante personaje principal y se asoma, sólo asoma, a las habituales de Buster Keaton. Una combinación de un humor visual que nunca cuaja y un humor verbal que sólo entiende de desesperación.


No te la puedes perder si:


-nunca has entendido por qué tanto bombo a los maestros citados.
-para ti aprovechar el tiempo es de débiles.

Ángel negro (1946) - Roy William Neill 

 

El cine negro se caracteriza, entre otras cosas, por la presencia de femmes fatales, mujeres que provocan la perdición del protagonista masculino. En Ángel negro (1946), la presencia de este personaje es efímera pero determinante. En la primera escena, ésta muere, pero desencadena la pena de muerte sobre un inocente y sumerge en la tristeza etílica a otro. A partir de entonces, una contrarreloj de escasos 80 minutos para salvar a la persona inocente. La narración es potente, pero la trama no está a la altura y se va desinflando por momentos. La resolución implica un acto de fe, pero el final sorprende por lo relativamente abierto que queda. Una indefinición sugerente, maniobra poco habitual en este tipo de cine -el negro, y el clásico en general-.

No te la puedes perder si:


-te perderías en los ambientes densos del cine negro.
-te encandilan los ojitos de Peter Lorre.