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Texto comunitario




Con motivo del día de la mujer, pero aspirando a que ese día sean todos los del calendario, en Revista VOS hemos trazado un mapa del feminismo cinematográfico. 19 películas que radiografían una alternativa a los estándares sociales y los lugares comunes del cine. Comparto el enlace que conduce a este artículo comunitario, excelente en el análisis e imprescindible en lo reivindicativo.


Viernes 1 de enero de 2016



Arranca el año y las películas no tardan en llegar a la cartelera. Los estrenos de esta semana son:


Steve Jobs (2015), de Danny Boyle










De padres a hijas (2015), de Gabriele Muccino






Padres por desigual (2015), de Sean Anders y John Morris



Point break (Sin límites) (2015), de Ericson Core



Incidencias (2015), de José Corbacho y Juan Cruz




La academia de las musas (2015), de José Luis Guerín



Aviones de papel (2014), de Robert Connolly



El mundo abandonado (2015), de Margarethe Von Trotta























Mi apuesta personal: 


De las vistas:

Padres por desigual


Recomiendo (no queda otra):


Padres por desigual:

Una película sencilla pero efectiva. Comedia más familiar de lo esperado en Will Ferrell. No pasa nada si no la ves, pero tampoco pierdes el tiempo si lo haces.






De las no vistas:

Steve Jobs
De padres a hijas
Point break (Sin límites)
Incidencias
La academia de las musas
Aviones de papel
El mundo abandonado



Apuesto por:

La academia de las musas:

La nueva obra de José Luis Guerín, uno de los autores más respetados del panorama de autor, debe ser vista. Yo lo haré, ¿tú a qué esperas?
Tras un mes de ausencia, retomo el blog con esta crítica, que el jurado de Guía del Ocio ha considerado que merecía llegar a la final de su concurso anual de crítica cinematográfica. No me siento especialmente orgulloso de ella, pero uno siempre agradece este tipo de noticias. Ahí va:



La excelente capacidad de Jason Reitman para combinar drama y sátira ha sido, desde su primera película (“Gracias por fumar”), la seña de identidad de este director, y clave de su éxito, que lo ha catapultado a la primera línea del panorama “indie” estadounidense. Sin embargo, en su nuevo trabajo, “una vida en tres días”,  ha decidido dejarla de lado y explorar nuevos senderos narrativos, situación que no debería motivo de alarma, de no ser por el bochornoso y tramposo resultado final que nos presenta.

 
La adaptación del Best Seller de Joyce Maynard ya comienza con mal pie, haciendo uso de una voz en off absolutamente prescindible, presente a lo largo de todo el metraje, que sólo sirve para sobresaturar una narración, de por sí carente de sutileza, donde forma y fondo, tan evidentes como previsibles, dibujan un cuadro a brochazos, decorando el espantoso lienzo unos torpes diálogos, cuyo nivel de explicitud alcanza niveles tales, que llegan a convertir el subtexto en texto por momentos.

La inexistente lógica interna de esta historia la colapsa e impide que se desarrolle adecuadamente, provocando constantes e incoherentes conductas en los personajes protagonistas, siendo inevitable que acaben traicionándose a sí mismos. Todo ello, gracias al único objetivo real de la película, que no es otro que provocar la lágrima fácil del espectador, ya sea a través de conflictos emocionales de supuesto gran calado, o mediante un flagrante uso de los flashbacks, insertados abrupta y oportunistamente para obtener su rastrero cometido, sin disimular siquiera la omisión de información en cada uno de ellos para manipular de manera lamentable las emociones del público a cada momento, que acaba ahogado entre tanto exceso dramático innecesario.

Ante este panorama, los actores tratan dar la cara por todos los medios, y, a pesar realizar un trabajo destacable (especial mención merece Kate Winslet, con un potente lenguaje corporal), este empalagoso melodrama pasa por encima de ellos y acaba con sus esperanzas. Pero, ¿qué puede esperar de un film en el que se le dedica más tiempo a la elaboración de un pastel que a la planificación de una huida?

Nota: 3.

MENDES SÍ SE SALE DE LO ESTABLECIDO


Una vez más, Sam Mendes reflexiona sobre el que se ha convertido en el tema central de su filmografía: la apariencia como modo de vida. Al igual que en su obra más aclamada, “American Beauty”, vuelve a tomar el concepto de familia y de Sueño Americano como núcleo central del relato, sirviendo de base para mostrar el lado más sucio de lo aparentemente limpio, aunque, en este caso, en tono dramático. 

La acción se desarrolla en la década de los 50 en EE.UU., y habla sobre cómo el Sueño Americano atrapa a sus personajes, les marca el camino a seguir y les impide escapar de su inevitable destino (con mayor énfasis en las mujeres). Se trata de personas infelices, con vidas acomodadas, pero vacías, y que se ven forzados a engañarse a sí mismos y aparentar, para poder seguir adelante, siendo tachados de locos aquéllos que se salgan de lo establecido. Destaca la pareja protagonista, con unos soberbios Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, apoyados por un destacable elenco de secundarios, entre los que sobresale el jugoso papel de Michael Shannon, una especie de conciencia social, capaz de deshacerse de todos los convencionalismos y espetar a la cara las miserias de cada uno.


El estilo del director británico camina con firmeza por los estándares del cine clásico, destacando el trabajado y estilizado diseño de cada uno de sus planos, cargados de simbolismo e impregnados de sensaciones; pero es especialmente notorio el juego que establece con sus propios planteamientos formales, otorgando detalles de pura modernidad, como queda patente en el llamativo uso de las elipsis, especialmente en el inicio de la película. Éstas, en conjunción con un inteligente montaje, establecen constantes comparaciones entre el pasado y el presente, tan sutiles como contundentes. Todo ello, sumado a su bellísima y minimalista banda sonora (a cargo de un Thomas Newman tan maravilloso como incapaz de innovar en su obra), consigue potenciar el contenido de la historia, logrando un resultado maravilloso.


Como último apunte, llama la atención que la película cierre con una escena de claro tono cómico, protagonizada por una pareja de secundarios. Sin desviarse del rumbo y dándole una capa más de profundidad, vuelve a jugar con los esquemas del cine clásico. Otro toque de genialidad. Otro toque de revolución.



Nota: 9.