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Análisis en formato audio




De un post a otro, saltamos 15 años. Si en la anterior publicación hablaba de Zoolander (2001), en esta le toca a su segunda parte, Zoolander No. 2 (2015), que fue recibida bajo la pregunta de "¿Hacía falta?" pero que ha llegado para demostrar que Ben Stiller sigue en plena forma. Si bien inferior a la original y quizás algo lastrada por un exceso de parodia del cine de espías, lo cierto es que, como comedia, funciona mejor que la media de lo que se estrena semana tras semana. No te pierdes nada, pero, de verla, lo que tampoco vas a perder es tu tiempo. Más tontunez, más vueltas de tuerca al universo de las miradas colosales, más risas y un Will Ferrell más inmenso que nunca:







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En 2001, con la MTV en pleno auge, el delirio audiovisual y la estética videoclipera campan a sus anchas. La tontunez quizás siempre había existido, pero en esta época se dejaba ver en todo su esplendor. Y ahí llegó el Ben Stiller creador para sacarse de la manga esta comedia tonta de humor inteligente. Zoolander (2001) es toda una obra por descubrir. No inventa la pólvora, pero sus engranajes encajan y mueven el motor de esta nave a toda velocidad. Olvídate de trascendencias o de buenas intenciones y déjate llevar por el torrente de brillante estupidez de Derek Zoolander. Bajo estas líneas, el análisis de esta película que tanto te animo a que veas a pesar de que lo más probable es que ya lo hayas hecho:







Si te has quedado con ganas de saber qué opinamos de la segunda parte, estrenada este mismo 2016, que sepas que también hemos grabado este podcast: