UNA VIDA EN TRES DÍAS (2013) - JASON REITMAN

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Tras un mes de ausencia, retomo el blog con esta crítica, que el jurado de Guía del Ocio ha considerado que merecía llegar a la final de su concurso anual de crítica cinematográfica. No me siento especialmente orgulloso de ella, pero uno siempre agradece este tipo de noticias. Ahí va:



La excelente capacidad de Jason Reitman para combinar drama y sátira ha sido, desde su primera película (“Gracias por fumar”), la seña de identidad de este director, y clave de su éxito, que lo ha catapultado a la primera línea del panorama “indie” estadounidense. Sin embargo, en su nuevo trabajo, “una vida en tres días”,  ha decidido dejarla de lado y explorar nuevos senderos narrativos, situación que no debería motivo de alarma, de no ser por el bochornoso y tramposo resultado final que nos presenta.

 
La adaptación del Best Seller de Joyce Maynard ya comienza con mal pie, haciendo uso de una voz en off absolutamente prescindible, presente a lo largo de todo el metraje, que sólo sirve para sobresaturar una narración, de por sí carente de sutileza, donde forma y fondo, tan evidentes como previsibles, dibujan un cuadro a brochazos, decorando el espantoso lienzo unos torpes diálogos, cuyo nivel de explicitud alcanza niveles tales, que llegan a convertir el subtexto en texto por momentos.

La inexistente lógica interna de esta historia la colapsa e impide que se desarrolle adecuadamente, provocando constantes e incoherentes conductas en los personajes protagonistas, siendo inevitable que acaben traicionándose a sí mismos. Todo ello, gracias al único objetivo real de la película, que no es otro que provocar la lágrima fácil del espectador, ya sea a través de conflictos emocionales de supuesto gran calado, o mediante un flagrante uso de los flashbacks, insertados abrupta y oportunistamente para obtener su rastrero cometido, sin disimular siquiera la omisión de información en cada uno de ellos para manipular de manera lamentable las emociones del público a cada momento, que acaba ahogado entre tanto exceso dramático innecesario.

Ante este panorama, los actores tratan dar la cara por todos los medios, y, a pesar realizar un trabajo destacable (especial mención merece Kate Winslet, con un potente lenguaje corporal), este empalagoso melodrama pasa por encima de ellos y acaba con sus esperanzas. Pero, ¿qué puede esperar de un film en el que se le dedica más tiempo a la elaboración de un pastel que a la planificación de una huida?

Nota: 3.
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