SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN (2013) - Jim Jarmusch

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La insorportable decadencia del ser


     El juego con los esquemas de los géneros cinematográficos (carcelario, road movie, western, etc.) es una constante en el cine de Jim Jarmusch, apasionado de la música (actual guitarrista de “SQÜRL”, grupo que firma la banda sonora de esta película), elemento con el que recubre todo lo que filma, creando microcosmos melódicos de corte nostálgico, de reminiscencia poética (no en balde, frustrado poeta) y minimalistas, plagados de referencias culturales, incluso a su propio cine, en un juego de sofisticada pedantería del que no siempre sale triunfante. En su última entrega, se sumerge en el subgénero de vampiros, obteniendo un resultado dispar.
      Dividida en dos territorios distantes, tan diferentes entre sí, como son la decadente Detroit y la enigmática Tánger, dos vampiros amantes, Adam y Eve, conviven de diferente manera con el vacío existencial de la eternidad y simbolizan la Humanidad y todo lo que ésta ha vivido y creado, siendo inevitable su sufriendo por el lamentable rumbo que ésta ha tomado, temerosos de verse contaminados por su inmundicia. Tratados siempre con el peculiar humor tibio al que este director acostumbra, se sucede toda una serie de pausados momentos de introspección, decadencia y nihilismo, que casan a la perfección con el ritmo de una película en la que la fachada cobra excesiva relevancia y, si bien exquisita, fagocita las posibilidades de desarrollo de esta historia, plagada de referencias culturales con excesivo afán de protagonismo, que, más que consolidar, entorpecen el relato.


     Se trata, pues, de una frustrada reflexión sobre la belleza como Arte, en sus diferentes formas (en este caso, Música y Literatura), sin duda interesante, pero que peca de minimalista y estética, con largas escenas que tratan de huir del vacío hablando del mismo; jugada demasiado complicada para Jarmusch, que se pierde en transiciones musicales tan visualmente magnéticas como intrascendentes, que introduce reflexiones de pretenciosa profundidad en unos personajes que no encuentran motivos para seguir viviendo, pero que son incapaces de dejar de hacerlo, permaneciendo atados a la sangre como su particular droga, una vía de escape a su anodina existencia, en la que, quizás, no todo esté perdido.


Nota: 6.
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