LOS BOXTROLLS (2014) - Graham Annable y Anthony Stacchi

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Animación social


Candados en los contenedores impiden la recogida de alimentos aún comestibles. Protuberancias en los bancos de las marquesinas y multas criminalizan dormir en la calle. Triángulos amarillos en sus ropas los denigran y señalan como a los nuevos judíos. Los indigentes, ese espejo en el que se reflejan las desigualdades del estado del bienestar, que éste prefiere eliminar que solucionar, haciendo suya la máxima de que, si no se ve, no existe. Semejante panorama queda reflejado en una película aparentemente liviana como Los Boxtrolls, la nueva entrega del estudio LAIKA (artífice de algunas de las películas de animación más importantes de los últimos años, como El alucinante mundo de Norman (2012) o, especialmente, Los mundos de Coraline (2009)), la cual, sin embargo, no renuncia a la diversión y la animación más frescas para trazar sus planteamientos.

En un alarde inicial de virtuosismo narrativo, la película muestra, sin necesidad de diálogo, el amablemente caótico mundo subterráneo de los Boxtrolls, de ligerísima reminiscencia Delicatessen (1991) -sierra musical incluida. Los directores, Graham Annable y Anthony Stacchi, toman prestada la mejor secuencia de otra película de animación, Up (2009), para cimentar la relación entre los dos protagonistas a lo largo del tiempo, valiéndose de unas pocas imágenes simbólicas cargadas de ternura y diversión. De su compañera de género, La novia cadáver (2005), es el contraste entre el vivaz subsuelo y la gris superficie, que, aunque igual de relevante, resulta menos patente. Y, como toda creación stop motion, ésta debe pagar el ineludible peaje comparativo del tótem Pesadilla antes de Navidad (1993), cuya mastodóntica sombra no empequeñece el valiente contenido de ésta.

Si bien la película de Henry Selick funcionaba como un elegante artilugio gótico, creando iconos que han pasado a la Historia reciente del cine, sin embargo escondía una esencia más oscura que su propia estética. En ella también se plantea un contraste entre dos mundos, pero que funciona como reaccionaria defensa capitalista frente al enemigo comunista, en la que se acaba por hacer apología del inmovilismo frente al orden establecido. Nada más lejos de lo planteado en el universo boxtrolliano, en el que los más desfavorecidos rompen con la separación de clases y no se conforman con aceptar las migajas (en aquel caso, copos de nieve; en éste, chatarra) de una sociedad no sólo injusta, sino autodestructiva.

Todo ello, sin perder de vista a quién va principalmente dirigida, por lo que siembra la narración de acción trepidante y altas dosis de humor, que harán las delicias de los más pequeños. Aunque en su tramo final pierde parte de esa garra, y su desenlace, algo convencional, no termina de cuajar, su virtuosismo artístico abre bocas y enmudece voces. Su impecable poderío visual conjuga la cercanía y calidez del stop motion con un acabado técnico habitualmente reservado a la animación por ordenador, lo que le aporta un valor especial a una técnica tan artesanal como personal, cuyo titánico esfuerzo se ve reconocido en un juguetón guiño metacinematográfico final.
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