NEGOCIADOR (2014) - Borja Cobeaga

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¿Mediando con necios?


El paso del tiempo marca la frontera moral del humor. En palabras de Charles Chaplin, "Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero, vista de lejos, parece una comedia". España parece haber llegado al punto en el que ya puede tratarse abiertamente el conflicto vasco. Bien es cierto que los Batasunis y demás personajes de ¡Vaya semanita! (ETB, 2003-2013) han estado dando guerra durante una década, pero la clave diferencial ha llegado con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), cuyo recibimiento de público demuestra que la sociedad española no sólo está preparada, sino que desea tratar el tema. Y, teniendo en cuenta que en este país existe la mala costumbre de ocultar la herida en vez de curarla, se torna indispensable aprovechar esta oportunidad para acercar posiciones y evitar el enquistamiento de la situación.

No obstante, la película anteriormente citada convertía este conflicto en una excusa para desarrollar una comedia blanca (y blanda) sobre tópicos norte-sur. Es por ello que el nuevo proyecto de Borja Cobeaga, en este caso también en labores de dirección, corría el riesgo de volver a pecar de políticamente correcto. Sin embargo, esta vez se mete de lleno en el fango independentista y no le tiembla el pulso a la hora de poner en duda las supuestas diferencias insalvables que existen entre ambos bandos, tanto a nivel político como al más puramente humano.

No obstante, el desarrollo llega precocinado al público. El trazo es firme, pero la brocha es gorda, dejando poco espacio a la reflexión. El discurso está demasiado claro para lo compleja que es la situación, lo que encuentra su máximo exponente en el aire condescendiente con que se retrata a los independentistas. Por lo tanto, sin el menor afán de convertir esta crítica en un alegato abertzale, quizás deberíamos plantearnos si estas personas tienen motivos para asesinar. Otro asunto es que éstos sean justificables.




Nota explicativa: 

He recibido fuertes críticas por el final de este texto. Por ello, me gustaría realizar una aclaración: si se analiza con detenimiento el texto, no se encontrará ningún tipo de defensa a ETA. Bajo mi punto de vista, el problema surge al malinterpretar "tener motivos" como "tener motivos justificables" (he de decir que esto es algo ajeno al texto en sí). Sabiendo que esto podía ocurrir, decidí añadir la frase final "Otro asunto es que éstos sean justificables.", pero no ha sido suficiente para evitar esa conclusión tan habitual como errónea (de la misma manera que reclamar un juicio justo para un asesino o un corrupto no significa ponerse de su parte).

Entiendo que es un tema escabroso, y mi visión es la políticamente incorrecta, pero considero que tratar a seres humanos -que cometen injustificables actos inhumanos y despreciables- como a seres irracionales es, simplemente, absurdo. Y esto no supone en ningún caso defender a esta banda armada, ni justificar sus actos o reducir las repercusiones de los mismos. 
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