EL VIENTO SE LEVANTA - Hayao Miyazaki (2013)

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Aterrizaje frustrado

     La hierba mecida al son de una ráfaga de aire, un mechón de pelo que baila en el flequillo de una niña, el débil reflejo del amanecer en las tejas, el juego de sombras en una habitación de madrugada, una espina de pescado como inspiración aeronáutica. Detalles, todos ellos aparentemente insignificantes, pero que, en manos de Hayao Miyazaki (Mi vecino Totoro, 1988; La princesa Mononoke, 1997), consiguen albergar pequeños atisbos de vida, logrando condensar el desbordantemente mágico mundo interior de este maestro de la animación, lo que le otorga, a su película más realista, una tan fascinante como paradójica vitalidad.
    
     Este optimista film, de colorista paleta pictórica, inunda de verdes y azules los oscuros y penosos paisajes de la primera mitad del Siglo XX japonés, abogando por una eterna lucha por la consecución de los sueños personales, a pesar de la perversión que éstos pueden sufrir a manos de intereses estatales. El director japonés, antibelicista empedernido, adapta al cine su propio manga (cómic japonés) sobre los sueños aeronáuticos de su compatriota Jiro Horikoshi, obsesionado con levantar los pies del suelo y refugiado en la ingeniería ante su imposibilidad fisiológica, donde consigue desarrollar su mundo interior, plasmándolo en bocetos y posteriores traslaciones metálicas. La imposibilidad de evitar su amoral instrumentalización frustra sus intenciones, pero no las doblega, pues, citando a su onírico mentor, con el que comparte sueños en sentido literal y figurado, “los aviones no son herramientas para la guerra, no son para hacer dinero. Los aviones son bellos sueños”.

    Lastimosamente, son los sueños de Miyazaki los que lo llevan a su perdición, incapaz de controlar su trabajo, al que, paradójicamente, torpedea con una historia deshilachada, saboteada por su (quizás) excesiva implicación personal, diluyendo esos turgentes dilemas morales en su incapacidad de concreción, que culminan en unos personajes opacos cuyo melodrama carece de interés. El sol se pone en el horizonte de su carrera, sin que su película más personal, su testamento cinematográfico, haya conseguido alzar el vuelo.

Nota: 6.
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